lunes, 6 de mayo de 2013

Querido tú de veinticinco años:


Estás allí parado en medio de la fiesta, pidiéndome que te preste la silla para cambiar un foco que se ha quemado. Eso me parece de lo mas simpático y extraño y te aseguro que dentro de unos minutos vamos a estar bailando como locos en la pista de baile improvisada, frente a la mirada y gestos burlones de todos tus amigos, que celebran la proeza del gringo, bailando con la chera de pelo suelto, la de los jeans demasiado desteñidos, la de la camiseta púrpura demasiado grande, la que no llegó con vestido de fiesta a la fiesta.

Te advierto que va a pasar mucho tiempo para que pueda confiar en vos, nunca he tenido una relación realmente seria, nunca he tenido amigos de ningún tipo, no sé cómo confiar en la gente, no sé cómo socializar adecuadamente, porque mi cabeza es una tontera indomable, llena de tantas cosas que no caben otras más cómo saber sostener una plática coherente con alguien normal. Te advierto que  no estoy acostumbrada a tener relaciones normales tampoco con los hombres, relaciones amorosas, digo. Creo que me da miedo comprometer mis sentimientos por encima, para que no les hagan daño por adentro.

Pero tú, querido tanto, y tantas veces y tanto tiempo... Vos vas a tener tanta paciencia, tanta paciencia toda la vida, que vas a lograr domesticar a este animalito mudo y juguetón y vas a lograr hacerme pensar en la posibilidad de tener tres hijos, una casa con jardín, cocina amplia y ventanas con vista al cielo y las nubes.

Vos me vas a hacer creer que creés que soy perfecta, pero en el fondo te vas a guardar para vos solo todas mis imperfecciones y las vas a querer ocultar del mundo y me vas a constuir una historia con música y mares y playas y borracheras interminables y una o dos escenas de celos; y vas a querer tapar el sol para que no me dañe y vas a querer un mundo calmo y ecuánime solo para mí, solo para que yo viva la fantasía de mis imperfecciones y cuando menos lo esperemos me voy a poner un vestido blanco con el que me voy a sentir rarísima y fuera de contexto y vos me vas a esperar con sonrisa en la capilla poco tradicional y nos vamos a morir de vergüenza esperando que nuestros santos padres no miren los cuadros de personas muertas y torturadas que están atrás, atrás de nuestra boda.

Querido tú de veinticinco años. Un día como hoy, un seis de mayo, abandonaremos la fiesta de nuestra boda a las once de la noche para ir a abrir regalos a la nueva casa y mi vestido va a quedar desparramado en el suelo de la sala sin muebles, mientras nos emocionamos como nenes en cumpleaños, abriendo tantos regalos como nunca en nuestras vidas.

Vos todavía no sabes todo esto, ni siquiera te lo imaginas.

Por eso estoy aquí para contártelo. Algún día, mientras limpiamos la cocina en la víspera de algún aniversario, me vas a preguntar por qué todavía estoy con vos, sí, eso me vas a preguntar... Habrán pasado muchos años, te lo juro, tendremos hasta mascotas e hipoteca y dos carros... Yo te voy a contestar que sobre todas las cosas -el amor una de ellas- me das paz, eso te voy a decir, que sobre todo-todo lo demás, me haces poner los pies sobre la tierra y me das calma, así como esa noche en un hotel en Jerusalen cuando me entere de la muerte de mi papá, así como esa noche, me vas a abrazar durante tres horas hasta que me quede dormida de tanto llorar. Así como esa noche, así va a ser nuestra vida. Me vas a cargar, me vas a abrazar, me vas a ver llorar y solo tus brazos van a ser capaces de darme tanta paz y vida real. 

Solo ellos.

Y además te advierto, querido tú, que me voy a perder muchas veces en la vida. Me voy a perder, porque hay cosas para las que nunca estamos preparados. Nunca voy a estar preparada para ser una persona seria, te prometo que voy a tratar, pero a medida que pase el tiempo voy a poder menos, y voy a ser una mamá irrelevante e intrascendente que va a preferir que tus hijos lean, pinten y enloquezcan por la música; antes de que saquen buenas notas en matemáticas y esas cosas. Los voy a amar te lo prometo. Los voy a amar como nunca me creí capaz en la vida y crecer con ellos va a ser una aventura...

Todo eso va a pasar, te lo aseguro. Vos no lo sabes ni te lo imaginás mientras se te sube la billirrubina bailando frente a tus amigos.

Va a pasar, te lo prometo.

Me voy a perder algunas veces. Voy a querer colgar los guantes o tirar la toalla.

Pero no hay nada de que preocuparse,
porque vos vas a estar allí para encontrarme, cada vez que sea necesario.

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