Antes yo era una persona especial. Me sabía de memoria (todavía me los sé, esas cosas no se borran jamás) las fechas de cumpleaños de mis amigos (y hasta de mis no tan amigos) e iba por la vida siendo la primera en llamar por teléfono o pasar dejando el respectivo abrazo o regalo... Me gustaba mucho, demasiado, hacer regalos. Me gustaba hacer regalos bien pensados y comprar los papeles y listones para envolverlos yo misma. De hecho, una Navidad seleccioné por más de un mes los regalos para mis compañeros de trabajo, cada uno de esos regalos fue escogido pensando en los gustos y aficiones de cada uno de ellos. Hacía vídeos, mandaba fotos, recordaba momentos, canciones, colores. Era capaz de recordar hasta como estaba vestida cuando conocí a tal o cual persona (de hecho todavía lo recuerdo, ya les dije, esas cosas no se olvidan), qué canción sonaba, cómo estaba la temperatura de la arena cuando iba platicando con el enamoradito de los 17 años. Y así.
Como les dije: era una persona especial.
Siempre fui del tipo que le daba un poder casi mágico a los recuerdos y a los objetos, fechas, música y olores relacionados con ellos. Era del tipo que hacía referencias como "caía una lluvia suavecita", "el cielo estaba más azul que nunca", "sonaba tal canción de Leonard Cohen", "amanecía y el suelo estaba lleno de colillas de cigarros", "el día que te conocí llevaba una camiseta morada, un jeans desteñido y el pelo salvajemente suelto"... Esas cosas, saben. Esas cosas que hacen que la vida valga la pena y sea memorable.
Y entonces, cada recuerdo se volvía una conmemoración con la representación simbólica del objeto, canción, ropa o cualquier cosa que pudiera representarlo. Oh, sí, cariños, a los 17 años le pedí a mi madre que me ayudara a bordar unos pañuelos con las iniciales del enamoradito que había conocido en la playa, otra vez hice un disco con todas las canciones que habíamos intercambiado otro chero y yo y se lo regalé para un cumpleaños... Otra vez escribí a mano -sí, a mano, en un cuaderno vintage y con una plumita especial comprados ex-profeso para la ocasión- todas las cartas y "comunicaciones" que habíamos tenido con este otro tipo. Pasé casi quince días escribiendo a mano, saben, era bastante la comunicación que habíamos tenido en una relación que tuvo que terminar trágicamente a los ocho meses -lo de "trágicamente" es una exageración para darle más drama a este relato-... Y entonces, cada conmemoración, alegre o gris, se me iba llenando de canciones, objetos. Melodramas, si quieren llamarlo así.
Pero -sí, siempre tiene que haber un pero en cada historia importante-, llega un momento en que te das cuenta de que ser especial no te lleva a ninguna parte, mucho menos cuando los otros, los del otro lado, el de los pañuelos, el disco y el librito escrito a mano; no le dan el mismo valor que vos. O al que llamás por teléfono todos los años para felicitarlo por su cumpleaños ni siquiera se acuerda del tuyo... Y dice una persona que conozco, que uno no debe hacer ese tipo de cosas esperando algo de regreso, que sino, no tiene gracia. Pero vieran que después de tantos años y conmemoraciones sin sentido; uno pierde la fe en la humanidad. Después de transferirle a un objeto tanto significado y dárselo al otro para que no lo reciba con el mismo entusiasmo y pasión y entrega con el que vos lo hiciste; no tiene sentido.
Y uno deja de ser especial.
De un día a otro.
Y empieza a tirar los recuerdos por la ventana.
domingo, 11 de mayo de 2014
viernes, 11 de abril de 2014
En este capítulo: sácame de aquí.
En fin. Sé que muchos de ustedes lo han hecho y me entenderán.
El asunto que nos compete en esta ocasión se llama Sácame de Aquí, una canción de Bunbury con la cual llevo más de dos meses en obsesión continua, diaria y constante. No puedo pasar un día sin oírla, esa canción... He visto casi todas las versiones de sus vídeos. La lloré el día del concierto. Sí, cuando se regresó la segunda vez al escenario, la cantó, mientras yo, convencida por mi querido esposo de que tenía que aceptar que el concierto había terminado, iba casi arrastrada a la puerta de salida.
–¡¡No puede ser!!– Reclamaba, claro, con la poca voz que me quedaba después de haber "gritado" todas las canciones.
–No ha cantado Sácame de Aquí, ¡¡no puede ser!!– Y, ajá, no podía ser. Se regresó y la cantó y lloré casi con el mismo sentimiento de felicidad con una desolación extraña que lo hice cuando me encontré frente a frente con las D’emoiselles D’Avignon en el MoMA y el edificio del Tesoro en Petra. Sí, ese mismo. (Sí, van a perdonar, soy una snob que llora por esas cosas y cosas como que se muera la mamá de Bambi en la película)
Resulta
que me he preguntado varias veces qué es lo que me pasa con esa canción y he
llegado a la conclusión de varias cosas al respecto. A parte de que conocí la
canción en un momento deplorable de la historia, bueno, mi historia, y de que
la letra tiene una cantidad innumerable de frases citables, hay
tres cosas –que tal vez a ustedes les parezcan irrelevantes- de las que me he
dado cuenta a medida que la escucho:
La canción está perfectamente musicalizada. Oigan, no solo es la pinche bandita tocando con la guitarra, el bajo, el piano y la batería: hay trompetas, hay violines (bueno, un violín), una guitarra acústica, un bandoneón... Escuchen con atención, agudicen su oído. Agudícenlo, les digo. Yo no sé mucho de terminos musicales, pero esa guitarra del inicio y su cadencia, como que se tropieza, se cae y se levanta, se tropieza, se cae y se levanta, se tropieza se cae y se levanta; hace que la canción tenga una de las introducciones más memorables de las canciones de Bunbury. Es en serio, esa entrada con guitarra me da cosquillas en la panza.
La canción está perfectamente musicalizada. Oigan, no solo es la pinche bandita tocando con la guitarra, el bajo, el piano y la batería: hay trompetas, hay violines (bueno, un violín), una guitarra acústica, un bandoneón... Escuchen con atención, agudicen su oído. Agudícenlo, les digo. Yo no sé mucho de terminos musicales, pero esa guitarra del inicio y su cadencia, como que se tropieza, se cae y se levanta, se tropieza, se cae y se levanta, se tropieza se cae y se levanta; hace que la canción tenga una de las introducciones más memorables de las canciones de Bunbury. Es en serio, esa entrada con guitarra me da cosquillas en la panza.
Esa
era la primera cosa.
La
segunda tiene que ver con el violín. Por cierto, la mujer que toca el violín
hace el coro mientras no lo toca y así, por lo menos en el concierto de
Zaragoza y del cual son todas las fotos que aquí publico. Agudicen su oído, les
dije: casi la mitad de la canción ese violín esta siendo “pichicateado”, es
casi imperceptible, claro, todos los demás instrumentos y la voz del Búnbury lo
opacan, pero si prestan atención lo pueden oír cuando comienza su actuación en el minuto 1:30. Y
bueno, el pizzicato (del italiano, pellizcado) es esa ¿técnica? en la que no
se usa el arco, sino que se “pellizcan” las cuerdas del violín -en este caso- con el índice y
el pulgar. Suena memorable entre los gritos y lamentos de Bunbury ¿no creen?
Total, que he oído mucho esa canción en los últimos días, ¿ya dije eso, verdad? y quizás no tenga que ver con todo eso que les he dicho, quizás, nada más tenga que ver con que aún podemos ser libres dentro de una canción.
Quizás sea eso.
jueves, 27 de febrero de 2014
En pausa
Hay noches en las que retomás una vieja amistad y en lo que iba a ser una conversación de menos de una hora para intercambiarse historias y problemas, se alarga a más de tres y hacen un análisis profundo y exhaustivo de sus vidas -sin alcohol de por medio: ese es el éxito más grande-, al punto que, al término de la plática terminás como que has venido cargando una roca gigante en lo que va del año. (¿Alguna vez han tenido un amigo así? ¿Uno con quien hablar hasta quedar agotado? Si no lo tienen deberían)
Y uno entiende tantas cosas.
Y entonces se muere alguien. Vas a un entierro y hace calor y el cementerio está lleno de flores artificiales.
Y aceptás que los finales llegan, aunque en el fondo hayas tenido la leve-ínfima-pequeña esperanza de que no, de que todavía existe la posibilidad de tocar un botón y que las cosas vuelvan a ser como eran antes.
Y le das pausa a tu vida mientras decidís que vas a hacer.
Y uno entiende tantas cosas.
Y entonces se muere alguien. Vas a un entierro y hace calor y el cementerio está lleno de flores artificiales.
Y aceptás que los finales llegan, aunque en el fondo hayas tenido la leve-ínfima-pequeña esperanza de que no, de que todavía existe la posibilidad de tocar un botón y que las cosas vuelvan a ser como eran antes.
Y le das pausa a tu vida mientras decidís que vas a hacer.
domingo, 2 de febrero de 2014
Hasta en donde menos lo esperes
Pues vean, que gracias al querido @Raul_Marin_ que a su vez lo encontró gracias a @landsmoder que a su vez lo encontró gracias a @pedrotecla; fui a caer a What Would I Say, una app que toma todos tus estados de Facebook y los combina para crear nuevos estados o frases. Lo maravilloso de este asunto es que al hacerlo salen frases muy divertidas, otras que no tienen sentido y algunas de las mías dieron un resultado poético-filosófico-absurdo que me ha sorprendido. @landsmoder dice que hará un poemario con las suyas, y yo, bueno, que pasé más de un día dándole y dándole al botón GENERATE STATUS, no podía dejar de hacer por lo menos una recopilación aquí.
Las poético-absurdo-filosóficas:
Bueno, voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una tilde.
Miles de estrellas cayendo del equinoccio de primavera.
Sé de mi sombra. Estaré a nadie.
Es insostenible ¡hace demasiado azul!
Hay días en que somos perfectos, tenemos vicios, hacemos trampas.
No... Sí... No. ¡Y sabías que todas las lunas sean lunas sean lunas de miel!
Ni vos ni nadie debe vivir, vivir sin mi árbol
Bonito día para ser un exagerado
Hoy no son especialistas en ceremonias de masas
Equivocarme con tiempo de ver tanta estrella roja y pequeñita
Quiero bloquear al que pienso, porque solo se oía un ruido extraño
Destino eso de lo que sí, lloramos a mares
No es brujería, se llama observación de la tristeza
Go on... Fix what you recognize is broken.
Y no sirve inventar los recuerdos
Me han contado historias de felicidad
No empezó bien mi respuesta rota. Te quiero.
Sigo celebrando el cumpleaños de una tragedia, jajajajajaja
Sin andarlo buscando hoy disfrutamos de un mensaje
Me han invitado a ver el sol, prefiero escuchar tu voz
Hasta en donde menos lo esperes, por ejemplo en su cielo azul
Buenos días a llover y nadie disponible cuando uno también
Tú siempre existes dondequiera pero existes mejor donde te puedo responder
Recuerden que hoy hemos aprendido una pesadilla, pero pesadilla de verdad
Equivocarse con el secreto designio de que sí
Me da felicidad y recompensas inesperadas
Las frases muy divertidas:
Te golpee y te maltraté no tengo dueño, no soy tu esclavo, un poco tuyo y de flores de caña
Sí, Miguel Molina Tobar, es que el Vaticano queda en el tiempo
jajajajaja, creo que tomé demasiado café y es que el bulevar se tilda, según dicen
Sépanlo, hoy hemos puesto comida en la historia de perfil, jijijiji
Karla y socorros y alertas y le dejo un mensaje
Bien rápido se murió Mozart, dicen
Oficialmente tengo hambre, pero Cosi, Kisi
¡¡¡Tiene que ver la lluvia negra que es Flor Aragón y Neal Bosworth!!!
Marcela Aquino nos hubiéramos tomado una foto de mis palabras
No contestes ninguna de las Camelias + Ballet + Chopin = qué éxito
Hoy le canto su cielo más cercano a partir de cine y un gato gordo y socorros y caracoles
Me han pasado callejeando desde entonces eres, soy su piña
Usted sería un viejo horrible, deplorable y decadente
Mañana nos vamos al mar con el minino
Mi cielo no pude contestarles con cariño, apaguemos los adolescentes
Tengo como empacho de nubes
Ana Julia no siente paz, qué lindo
Nocturnosa y le di sus comentarios mordaces
Nicolás está dando una gran cátedra de ojos abiertos
Feo que no se hubiera muerto joven, ahora está buenísima
La frase está de compromiso, jajaja = le causó un querido hijo menor
Allí te dejé la receta del tío Mario Benedetti, gran comilona
Dice Benjamín que sonaba como pixeleado.
Mi cielo está empezando a tocar violín
Se les acaba El Copycito, compártanlo, please
Hey! Mandame el número de Chopin
Y ya me aburrí y no se acaban las elecciones y si publico esto ahora nadie lo va a leer, pero ni modo.
Esperen mañana, o cuando me dé la gana: El Día Mundial de
Hablando de candidatos.
Pues que anoche no podía dormir. Me desperté a las 3 am dando vueltas y vueltas y como ya me conozco, luego de media hora en las mismas, me levanté a prepararme un té y leer un libro. Y verán, a esas horas de la madrugada y con insomnio, lo más recomendado es leer algo light, así que me aboqué a este querido y hermoso libro:
que compré hace más de tres años y el cual he ido leyendo por capítulos, o mejor dicho: por palabras. Aquí pueden leer la historia de Agosto y aquí la de Anfitrión y Argentina.
El asunto es que abrí el libro "randommente" y caí por casualidad en canario (esta es una muy buena historia también, recuérdenme que se las cuente luego), cáncer y luego CANDIDATO. Según esto, la primera definición que se tiene de la palabra data del año 1729:
El que pretende y aspira o solicita conseguir alguna dignidad, cargo o empleo público honorífico. Candidato procede del latín candidatus (el que viste de blanco) derivado del verbo candere (ser blanco, brillar inmensamente), voz con la que se designaba en Roma a quienes se presentaban como aspirantes a cargos públicos. En el ritual político romano, los candidatos debían cambiar su habitual toga por una túnica blanca (candida) con la que se exhibían públicamente para manifestar la pureza y honradez que cabe esperar de los hombres públicos.
Dice por allí el libro, que de la misma palabra candere también se derivan otras como candelabro, candente, candela, cándido e incandescente... Imagínense, a estas alturas de la historia, aunque nuestros candidatos, los que ahora están en contienda, se presentaran con túnicas blancas creo que nadie creería en la pureza de sus intenciones.
Oh, y miren qué linda la ilustración del CANDIDATO, se parece al de Cadejo:
que compré hace más de tres años y el cual he ido leyendo por capítulos, o mejor dicho: por palabras. Aquí pueden leer la historia de Agosto y aquí la de Anfitrión y Argentina.
El asunto es que abrí el libro "randommente" y caí por casualidad en canario (esta es una muy buena historia también, recuérdenme que se las cuente luego), cáncer y luego CANDIDATO. Según esto, la primera definición que se tiene de la palabra data del año 1729:
El que pretende y aspira o solicita conseguir alguna dignidad, cargo o empleo público honorífico. Candidato procede del latín candidatus (el que viste de blanco) derivado del verbo candere (ser blanco, brillar inmensamente), voz con la que se designaba en Roma a quienes se presentaban como aspirantes a cargos públicos. En el ritual político romano, los candidatos debían cambiar su habitual toga por una túnica blanca (candida) con la que se exhibían públicamente para manifestar la pureza y honradez que cabe esperar de los hombres públicos.
Dice por allí el libro, que de la misma palabra candere también se derivan otras como candelabro, candente, candela, cándido e incandescente... Imagínense, a estas alturas de la historia, aunque nuestros candidatos, los que ahora están en contienda, se presentaran con túnicas blancas creo que nadie creería en la pureza de sus intenciones.
Oh, y miren qué linda la ilustración del CANDIDATO, se parece al de Cadejo:
domingo, 26 de enero de 2014
El sorpresivo caso de un paisaje, un árbol y una sombra.
El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados.
Ustedes podrán decir que soy bien sencilla y en realidad lo soy: tiendo a emocionarme por cosas tan simples como las nubes, los atardeceres, un paisaje, la sombra de una hojita tirada en el piso, una gota de aceite derramada sobre el escritorio... Las sombras, las sombras me apasionan. Ese momento de luz en las mañanas con el sol cae oblícuo y anaranjado. Algo así:
Me sorprende todos los días ese preciso momento en que sale el sol. ¿Saben cuál? En es instante en que el sol solo es un leve resplandor sobre la línea de la montaña y luego ¡puuuf! por arte de magia aparece de la nada. Algo así:
Pues, ajá, ese es mi momento favorito del día y verán, ahora que estoy saliendo a correr, lo veo todos los días, soy testigo todos los días de ese milagro. Si, cursimente un día le dije a alguien que estar en ese momento es como estar presente en un milagro, "creo que así lucen de bonitos los milagros", le dije. Y bueno, lo sostengo. El punto es que el mundo esta lleno de cosas sorprendentes y maravillosas todos los días y como dice el querido amigo Einstein si no tenes la capacidad de maravillarte o asombrarte por las cosas más simples o complicada, ¡mejor morite!
La cosa es que a mi me pasan cosas que me sorprenden casi todos los días... Alguna personas pueden creer que estar mirando las nubes todo el día sea una pérdida de tiempo... Y, en fin, que ese tampoco era el punto. El punto era o es que venía con mi cámara esta mañana, veníamos bajando de San Julian de hacer unas averiguaciones de lo del tour del bálsamo, cuando nos topamos con el paisaje hermoso del volcán de Izalco. Sin mucho pensarlo me bajé de carro, tomé varias fotos con la Nikon y una con el celular y la verdad que el enfoque en ambas era el volcán. Cuando me subí al carro y vi la foto de Instagram descubrí una sombra hermosa y casi infinita de un árbol sobre la calle. Parecen grietas, saben... O raíces. Ahhh, me pareció hermoso. Sentí que era lo mejor que me había pasado en estos días -sí, ya dijimos que soy sencilla- y me sentí extrañamente como con un trofeo. He aquí la foto:

Y aquí tienen el árbol que tan amablemente posó para la foto anterior:
Ustedes podrán decir que soy bien sencilla y en realidad lo soy: tiendo a emocionarme por cosas tan simples como las nubes, los atardeceres, un paisaje, la sombra de una hojita tirada en el piso, una gota de aceite derramada sobre el escritorio... Las sombras, las sombras me apasionan. Ese momento de luz en las mañanas con el sol cae oblícuo y anaranjado. Algo así:
Me sorprende todos los días ese preciso momento en que sale el sol. ¿Saben cuál? En es instante en que el sol solo es un leve resplandor sobre la línea de la montaña y luego ¡puuuf! por arte de magia aparece de la nada. Algo así:
Pues, ajá, ese es mi momento favorito del día y verán, ahora que estoy saliendo a correr, lo veo todos los días, soy testigo todos los días de ese milagro. Si, cursimente un día le dije a alguien que estar en ese momento es como estar presente en un milagro, "creo que así lucen de bonitos los milagros", le dije. Y bueno, lo sostengo. El punto es que el mundo esta lleno de cosas sorprendentes y maravillosas todos los días y como dice el querido amigo Einstein si no tenes la capacidad de maravillarte o asombrarte por las cosas más simples o complicada, ¡mejor morite!
La cosa es que a mi me pasan cosas que me sorprenden casi todos los días... Alguna personas pueden creer que estar mirando las nubes todo el día sea una pérdida de tiempo... Y, en fin, que ese tampoco era el punto. El punto era o es que venía con mi cámara esta mañana, veníamos bajando de San Julian de hacer unas averiguaciones de lo del tour del bálsamo, cuando nos topamos con el paisaje hermoso del volcán de Izalco. Sin mucho pensarlo me bajé de carro, tomé varias fotos con la Nikon y una con el celular y la verdad que el enfoque en ambas era el volcán. Cuando me subí al carro y vi la foto de Instagram descubrí una sombra hermosa y casi infinita de un árbol sobre la calle. Parecen grietas, saben... O raíces. Ahhh, me pareció hermoso. Sentí que era lo mejor que me había pasado en estos días -sí, ya dijimos que soy sencilla- y me sentí extrañamente como con un trofeo. He aquí la foto:

Y aquí tienen el árbol que tan amablemente posó para la foto anterior:
sábado, 11 de enero de 2014
Todo está bien
Ya hemos hablado de este tema aquí y por aquí y por aquí y por todos los lados que se ha podido.
El punto es que, miren, uno va por allí por el mundo llamando a los sentimiento y a las emociones como son: al amor lo llamamos amor, al miedo lo llamamos miedo, a la tristeza, tristeza; y así sucesivamente. Pero no todo mundo está acostumbrado a eso. De hecho, el 99% de la gente no está acostumbrada a enfrentar los sentimientos. Conozco personas que su vulnerabilidad la esconden en el sarcasmo y las bromas, otros la disfrazan de enojo, otros la convierten en chantaje emocional, quieren inspirar lástima, quieren que uno adivine sus sentimientos, hay otros que anulan su vulnerabilidad trabajando. Sorry, no soy así. Mucha gente me confunde, saben... Especialmente los hombres. Los hombres esperan que uno adivine sus sentimientos o que vaya por la vida creyendo que no los tienen. "Todo está bien", parecen decir, mientras una casa completa se les está cayendo encima. Y siguen sonriendo.
Y entonces, hay momentos en la vida en que uno reniega por ser como es, por llamar a los sentimientos como son y por no tener nada que esconder porque no sabés disfrazar las emociones, por ir por la vida sin filtro diciendo las cosas como son y a veces hasta sin pensarlo. Una amiga un día me dijo "deberías tener más cuidado de cómo decís las cosas y a quién se las decís, mirá que a veces decís unas cosas bien raras." Eso me dijo. Y llegado a ese punto, lo que hago es "enconcharme", porque la verdad, no sé ser de otra manera.
Pero sucede que un día equis de esos en que el mundo parece que se te va a venir encima, un día de esos en que luchás con vos misma para quedarte callada, para ser como todo el mundo espera que seás, para no sentir lo que estás sintiendo; llega a tus ojos y a tus oídos un video que te cambia por completo la perspectiva de la vida... O de tu vida, al menos.
Un video como este:
Como verán, se llama El Poder de la Vulnerabilidad y cuando lo terminé de ver tenía ganas de aplaudir y abrazarla a ella, aparte de que estaba llorando, sí, porque así soy y cuando ella me dijo "he descubierto, que tenemos que dejarnos ver, que nos vean vulnerables. Hay que amar con todo el corazón aunque no haya garantías. Y esto es muy difícil, y puedo decirlo como madre, esto puede ser extremadamente difícil. Ejercer la gratitud y la dicha en esos momentos de terror cuando nos preguntamos "¿Puedo amarte tanto? ¿Puedo creer en esto tan apasionadamente? ¿Puedo enojarme tanto por esto?" Me puedo detener y en lugar de ser catastrófico decir: "Simplemente estoy muy agradecido". "Porque estoy vivo, porque sentirse vulnerable significa estar vivo" sentí que no podía estar tan equivocada, entendí que tal vez los equivocados son el otro 99%, entendí que no importa si llamo a ese amigo para decirle que lo quiero y me pregunte si estoy borracha, entendí que no importa si soy la única en 15 metros a la redonda que se emociona con el amanecer y se sigue emocionando y se sigue emocionando. Entendí que no importa, porque sí yo le digo a alguien que lo amo no hay garantía que me amé de regreso, eso lo tengo bien claro; lo que sí importa es que lo dije, lo dije para siempre.
Fue casi una revelación.
Y entonces entendí otra cosa y se la dije a la Marce (que fue quien me presentó el video) ayer: el punto es que vivimos esperando la aprobación de los otros para cada uno de nuestros actos y si no la tenemos somos infelices. Cuando en realidad la felicidad debería ser al revés, de adentro para afuera, pues. Sí, ya sé que es un cliché, pero es la pura verdad y en todo este proceso de #rehabilitación2014 (próximamente en este mismo blog) espero alcanzarla. Esa verdad. Y muchas otras verdades.
Todo está bien. O al menos va a estar bien.
El punto es que, miren, uno va por allí por el mundo llamando a los sentimiento y a las emociones como son: al amor lo llamamos amor, al miedo lo llamamos miedo, a la tristeza, tristeza; y así sucesivamente. Pero no todo mundo está acostumbrado a eso. De hecho, el 99% de la gente no está acostumbrada a enfrentar los sentimientos. Conozco personas que su vulnerabilidad la esconden en el sarcasmo y las bromas, otros la disfrazan de enojo, otros la convierten en chantaje emocional, quieren inspirar lástima, quieren que uno adivine sus sentimientos, hay otros que anulan su vulnerabilidad trabajando. Sorry, no soy así. Mucha gente me confunde, saben... Especialmente los hombres. Los hombres esperan que uno adivine sus sentimientos o que vaya por la vida creyendo que no los tienen. "Todo está bien", parecen decir, mientras una casa completa se les está cayendo encima. Y siguen sonriendo.
Y entonces, hay momentos en la vida en que uno reniega por ser como es, por llamar a los sentimientos como son y por no tener nada que esconder porque no sabés disfrazar las emociones, por ir por la vida sin filtro diciendo las cosas como son y a veces hasta sin pensarlo. Una amiga un día me dijo "deberías tener más cuidado de cómo decís las cosas y a quién se las decís, mirá que a veces decís unas cosas bien raras." Eso me dijo. Y llegado a ese punto, lo que hago es "enconcharme", porque la verdad, no sé ser de otra manera.
Pero sucede que un día equis de esos en que el mundo parece que se te va a venir encima, un día de esos en que luchás con vos misma para quedarte callada, para ser como todo el mundo espera que seás, para no sentir lo que estás sintiendo; llega a tus ojos y a tus oídos un video que te cambia por completo la perspectiva de la vida... O de tu vida, al menos.
Un video como este:
Como verán, se llama El Poder de la Vulnerabilidad y cuando lo terminé de ver tenía ganas de aplaudir y abrazarla a ella, aparte de que estaba llorando, sí, porque así soy y cuando ella me dijo "he descubierto, que tenemos que dejarnos ver, que nos vean vulnerables. Hay que amar con todo el corazón aunque no haya garantías. Y esto es muy difícil, y puedo decirlo como madre, esto puede ser extremadamente difícil. Ejercer la gratitud y la dicha en esos momentos de terror cuando nos preguntamos "¿Puedo amarte tanto? ¿Puedo creer en esto tan apasionadamente? ¿Puedo enojarme tanto por esto?" Me puedo detener y en lugar de ser catastrófico decir: "Simplemente estoy muy agradecido". "Porque estoy vivo, porque sentirse vulnerable significa estar vivo" sentí que no podía estar tan equivocada, entendí que tal vez los equivocados son el otro 99%, entendí que no importa si llamo a ese amigo para decirle que lo quiero y me pregunte si estoy borracha, entendí que no importa si soy la única en 15 metros a la redonda que se emociona con el amanecer y se sigue emocionando y se sigue emocionando. Entendí que no importa, porque sí yo le digo a alguien que lo amo no hay garantía que me amé de regreso, eso lo tengo bien claro; lo que sí importa es que lo dije, lo dije para siempre.
Fue casi una revelación.
Y entonces entendí otra cosa y se la dije a la Marce (que fue quien me presentó el video) ayer: el punto es que vivimos esperando la aprobación de los otros para cada uno de nuestros actos y si no la tenemos somos infelices. Cuando en realidad la felicidad debería ser al revés, de adentro para afuera, pues. Sí, ya sé que es un cliché, pero es la pura verdad y en todo este proceso de #rehabilitación2014 (próximamente en este mismo blog) espero alcanzarla. Esa verdad. Y muchas otras verdades.
Todo está bien. O al menos va a estar bien.
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