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domingo, 29 de diciembre de 2013

El 2013 en una película

Pues que no soy mucho de ir al cine. La películas me gusta verlas en la comodidad de mi cama con todo el tiempo del mundo para pausas, cigarros y llorar -si lo amerita-. Creo que lo más, habré ido dos o tres veces este año. En fin, he visto muchas películas en mi casa en el 2013: tristes, alegres, de llorar, de pensar, de las que no valen la pena, de las que se olvidan al día siguiente...

Pero esta no la voy a olvidar nunca.

Todo tiene que ver con mi descubrimiento de este tipo:


Sí, no me digan, ya sé que no es un gran descubrimiento, que ya estaba escribiendo y componiendo desde antes que yo naciera. Tampoco me digan que esa foto es súper antigua, que ahora es un viejito encorvado que canta con un sombrerito negro susurrando casi al micrófono... Pero, ajá, yo me lo había perdido y lo descubrí este año gracias a @ElCopycito, que -en ocasiones- tiene atinadas recomendaciones musicales para hacer. Pero bueno, la historia de mi descubrimiento de Leonard Cohen es para otro post, y para otro blog.

El punto que aquí atañe es la película...


La película que me hizo llorar una noche y me quitó el sueño hasta muy entrada la madrugada.

Take This Waltz resultó ser una de esas joyitas desconocidas con una historia sin muchos aspavientos ni pretensiones. Michelle Williams hace gala de esa su carita de que no mata una mosca y se transforma en Margot, una esposa... bastante confundida, diría yo. Su papel de mujer indecisa es tan bueno, que a veces dan ganas de agarrarla de los hombros y "zarandearla" para que avive. ¡Hey! No soy crítica de cine ni nada por el estilo, no esperen una reseña intelectualoide y eso (si quieren una reseña que ralla casi en lo científico pueden ir aquí), solo puedo decirles que hay momentos en que los diálogos son tan bien elaborados que yo me quedé sin respiración. Es en serio. La película, que es de 2011, es bastante lenta por momentos, si están más acostumbrados a los dramas-comedia de Hollywood con sus altos y bajos. La película, esta llena de metáforas y, finalmente, como dice una viejita en un baño de una piscina: "las cosas nuevas también se vuelven viejas", y cada romance o amor con su novedad y emoción, termina siempre en la misma historia. Lo cual queda resumido en una sucesión de escenas finales que acompañan magistralmente al Take This Waltz de Leonard Cohen -o viceversa-.

Y como lo dije en el momento en que vi la película allá por junio de este año:

Al final el amor termina siendo siempre lo mismo.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Immortal Beloved

Verán, yo amo a Beethoven. Mucho más que a Mozart, a quien nunca he entendido, a pesar de toda su fama de niño genio, y de que su genialidad haya inspirado la teoría del Efecto Mozart. Amo a Beethoven por sus altos y bajos, porque su segundo movimiento de la Novena Sinfonía me hace pensar en lluvia, en gotas cayendo en la ventana, en viento moviendo los árboles. Amo a Beethoven desde sus claros de luna hasta sus sonatas, sean patéticas o no; sean allegros, andantes, vivaces. Lo amo, porque él sabe cómo emocionarme, como sacarme las pasiones, las lágrimas.

Ahora, se conmemora el día de su nacimiento, hace 241 años. Si nunca han visto la película Immortal Beloved, se las recomiendo, Gary Oldman hace de Beethoven y tiene escenas tan memorables como esta:



¡Happy Birthday Beethoven!

jueves, 8 de diciembre de 2011

Tear down the wall!

Todavía era una bichita con calcetines dobleados, que ni inglés podía y Pink Floyd y su canción Another Brick in The Wall apareció en la historia de mi vida. Sí, entonces aprendí que brick era ladrillo y cosas así, porque si alguna canción me gustaba la traducía, con un diccionario inglés-español viejo de portada dura de tela verde.

Hoy en la mañana, movida y conmovida por la conmemoración de los 32 años del lanzamiento del álbum, venía pensando en todo esto, en la canción, en Pink Floyd [el de Roger Waters], en el otro ladrillo en la pared, pensé en un montón de cosas, que al parecer no tienen nada que ver con eso; pero al parecer sí, porque las pensé.

Pensé en el golpe de estado de octubre del 79, cuando una Junta de Gobierno derrocó al último presidente militar que tuvo El Salvador, Romero. Recordé a la señorita Mila, mi profesora, con la sonrisa de oreja a oreja, comentánndome bajito de cómo las cosas iban a cambiar con este gobierno de civiles [sí esas cosas hablaba conmigo]. Y sí, cambiaron. En los siguientes meses vivimos el primer enfrentamiento entre guerrilleros y el ejército en la colonia, en los siguientes meses dejamos de jugar en la calle en la noche, porque las balaceras y los enfrentamientos se volvieron de lo más común, algo de todos los días. Y las llantas quemadas, los camioncitos DIANA también quemados enfrente de la casa, y el asesinato del alcalde Machuca, la mano que apareció pintada con sangre en la casa de la par y todas las cosas con las que tuve [tuvimos] que crecer.

En medio de todo eso, Another Brick in the Wall se convirtió en una especie de himno para mí, que solo entendía "Hey, teacher leave the kids alone'.

Durante años, desde entonces ese disco, la música de Roger Waters ha estado por allí presente casi todos los días de mi vida. Compre el disco [doble] cuando recién salieron los compactos a principios de los 90's y entonces empecé a entender la metáfora de la pared y cómo cada quien la construye con los ladrillos que le va dando la vida. Algo así.

Y párrafos como este

But it was only fantasy.
The wall was too high,
As you can see.
No matter how he tried,
He could not break free.
And the worms ate into his brain.

me hacían sentir desconsolada y triste y viceversa, en una edad en que en vez de andar bailando con mis amiguitos en discotecas, me encerraba a preguntarme hasta dónde iba a llegar mi pared, si iba a tener puertas o ventanas.

Aunque esa es otra historia.

Esta historia se trata de todos los que crecimos con la guerra y Pink Floyd a la par, tratando de entender cosas tan simples como la vida, el aislamiento, la muerte.

Amo ese álbum. Esa película. Ese concierto en Berlin. Creo que Roger Waters encontró una manera tan triste y maravillosa a la vez de retratar la soledad en ese disco y de decir las cosas que más de una vez hemos querido decir.

I've got wild staring eyes.
And I've got a strong urge to fly.
 But I got nowhere to fly to. 


Antes de terminar:

Si no ha visto la película, véala. Fue dirigida por Alan Parker y tiene todas las metáforas posibles en una película.

Si no ha visto el concierto en Berlin, véalo. hay cosas tan sorprendentes como que construyen un muro entre la banda y el público durante el concierto. Y apariciones estelares de Sinead O'Connor, Cindy Lauper, Bryan Adams, entre otros. Para una prueba, vean esto:
http://www.youtube.com/watch?v=qK5InZbS9PA





Ah, sí. Al final termina tirando la pared.


Hasta aquí llega esto.
The show must go on.