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lunes, 9 de junio de 2014

Tchaikovsky, el concierto No. 1 y el sonido de eso que están hechas las relaciones.

Sí, todos llegamos a Tchaikovsky por el Cascanueces. Una de las composiciones más escuchadas de la historia. Luego de eso pasamos a la Bella Durmiente, El Lago de los Cisnes y sí, la obertura 1812, inmortalizada en el silbido del profesor Keating, ajá Robin Williams, en la Sociedad de los Poetas Muertos.

La épica obertura 1812, que, ya saben, cuenta la historia de la Batalla de Borodino, en la cual los rusos combatieron y abatieron las tropas de Napoleón, no fue la composición más querida de Tchaikovsky. De hecho, la odiaba: "Muy fuerte y ruidosa y completamente sin mérito artístico, obviamente escrita sin calor o amor", dijo él mismo de su obra. Cuentan que cuanto más éxito tenía su obertura sobre sus sinfonías, conciertos y música de cámara, Tchaikovsky más se convencía de que el mundo no había entendido su arte. Pero, vayan ustedes a saber, la 1812 es amada, supongo por su heroicidad. ¿Quién no se ha emocionado con los cañones retumbando en uno de los momentos más gloriosos de la música? Yo sí. ¿Quién no ha querido aplaudir con las campanas doblando al final?

Pues que, para el resto de nosotros, como dicen por allí, la 1812 es para ser disfrutada en todo su ruidoso y vulgar esplendor.

El asunto es que -y no quisiera hablar aquí de mi otro ídolo musical del cual ya he hablado aquí y aquí-, pero a Tchaikovsky -tal vez- lo admiro tanto como a Beethoven. Muchas veces, en mi escaso conocimiento musical, he llegado a pensar que tuvo un genio tan grande como el de Beethoven o Mozart, y al que no se le ha dado el mérito que ellos tuvieron y siguen teniendo como dioses de la música.

Solo habría que recordar que, adelantándose a su época, escribió el soundtrack para que Natalie Portman se ganara un Oscar.

¿No les pasa que hay que hay momentos en los que ninguna canción ni melodía sirve para el soundtrack de su vida? A mí me pasa, y cada vez que eso sucede vuelvo al querido Tchaikovsky, quien a mis simples y tempranos veintes trataba de explicarme o de advertirme -digamos- que cada relación, cada amor de mi vida -si les queremos llamar así- vendría con sus altos y bajos, con sus violines dulces, con sus agónicos golpes en el teclado, con sus cadencias de cuerdas, con sus crescendos de orquesta sinfónica.

Con su Concierto para Piano y Orquesta No. 1



He de decir, que el querido Tchaikovsky comenzó a advertírmelo desde ese día de junio de hace tantos años, cuando en la inadecuación de mis recién estrenados veintiún años, me senté sola en la segunda fila del Teatro Presidente a escuchar su concierto en manos de una pianista polaca de cuyo nombre no me acuerdo. En ese momento no lo sabía, no había vivido tanto como para entender que si el amor tuviera un fondo musical, sería ese. Que una relación, podría resumirse en esos treinta y cinco minutos, con su emoción, felicidad, algarabía, con sus pausas para respirar, con sus conmociones y golpes de teclas. Con sus desesperaciones. Como todo.

No sabía todo eso cuando me senté sola en esa butaca. Sí sabía que el estómago me podía dar vuelta con cada conmoción del pianista, que podría entrar en estado catatónico muchas de las veces que la oyera, que iba a escuchar y ver toda versión que estuviera disponible...

Luego se va aprendiendo otras cosas de una melodía como esa. Se va aprendiendo junto a todos los finales que llegan en la vida.

domingo, 22 de mayo de 2011

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mirar la nubes y saber sus nombres, coleccionarlas, tomarles fotos, mirarlas con cara de alelada y sorprenderme siempre, cada vez que las veo. me gusta el mango, no verde ni maduro, sazón. me gusta que la música le arranque pedazos a mi corazón, me gusta que me emocione, me conmueva, me haga llorar, me haga querer, me haga desear, me haga bailar; por eso no entiendo a Mozart, amo las notas atormentadas de Beethoven y Chopin y las letras poéticas, un tanto retorcidas de Bunbury. Y, hablando de letras retorcidas, eso incluye también a Roger Waters con Pink Floyd. Me gusta cumplir mi palabra y llegar a la hora que me dicen, mi horario sigue siendo inglés; aunque miles de veces me haya tocado esperar hasta más de una hora. me gusta el zorro de El Principito; es más, no me gusta, lo amo y creo que es el mejor personaje que ha existido en la historia de los personajes, me gusta ese capítulo 21 cómo nadie se puede imaginar y cada palabra, cada frase, cada punto, cada coma me llenan de felicidad. me gusta el olor del café recién hecho en la mañana, el olor a tierra mojada, el olor a grama cortada, me gustan los olores frescos y cítricos, me gustan los hombres que entran a un lugar y dejan regado su rastro oloroso a limpio y recién bañado. me gustan las palabras y juntarlas para que digan algo. me gustan todas las palabras, pero principalmente las esdrújulas y las de origen árabe como almohada, alhelí, alfajor, beduino, gandul, lapislasuli y así. mis palabra favoritas son burbuja, libélula, mariposa y malaquita. me gustan las palabras de Benedetti, los poemas de Octavio, especialmente este cuando dice: "Tu mirada es sembradora. Plantó un árbol. Yo hablo porque tú meces los follajes." me gustan los vestiditos y blusas veraniegos y doy gracias a Dios todos los días por vivir en un país en donde siempre es verano. me gusta las sandalias, los zapatos sin tacón, los zapatos abiertos. me gusta andar descalza en la arena, el cemento, la grama, los ladrillos, azulejos. me gusta sentir el mundo debajo de mis pies. me gusta ser como soy y a veces no. me gusta la edad que tengo y haber llegado hasta aquí. me gusta seguir sobreviviendo a ser mamá sin muchos sobresaltos; aunque ser mamá me siga tomando por sorpresa. me gustan mis hijos y sus miradas colochas, me gusta creer que sus logros y sus felicidades me pertenecen y me gusta sentirme feliz por eso. me gusta decir, pensar, adivinar y tener el suficiente sentido común para saber cuándo callar. me gustan las películas de llorar y llorar en las películas de llorar. me gusta Edward Scissorhands y me gusta Tom Hanks en You've Got Mail. me gusta Russel Crowe en A Beautiful Mind, pero no en Gladiador. me gusta Robert Downey Jr. no importa dónde, cómo ni cuándo.

(respirar)

me gusta Jackson Pollock aunque haya dedicado su corta vida solo a "chispear" lienzos con pintura, a fumar, a emborracharse y ser un neurótico empedernido que acabó su vida empastado en un poste de luz. me gusta Tchaikovsky, uno de los compositores más épicos de la historia, si no me creen lo que les digo oigan la obertura 1812. su genialidad nos dejó los ballets más memorables. sí, su genialidad fue tan grande, que compuso el soundtrack de la película Black Swan en 1875.

ah, sí, me gustan las fiestas y bailar y cantar en los karaokes, en el baño, en el carro. me gusta fumar, aunque sé perfectamente bien que es dañino para la salud. me gusta el whisky más que el vino, el vino blanco más que la cerveza, la cerveza más que el ron, y así: el vodka no me gusta. me gusta viajar y sorprenderme. viajar y llorar cada vez que conozco algo que solo he visto en fotos.

me gusta el drama, eso sí.

me gusta expresarme, por eso no pierdo la oportunidad de abrir un blog cada vez que se me ocurre una idea para un blog.