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domingo, 11 de septiembre de 2011

Ustedes

[Tal cual fue posteado en Twitter del martes 1 al viernes 4 de marzo]

Usté

y sus manías inútiles por hacer listas
y su imposibilidad de ser espontáneo
y su no disfrazado de sí
y su boca y nariz de perfil al atardecer
y su historia jamás contada
que todo lo logra, pero no tiene nada
y su pose elegante y sus palabras medidas
y sus frases inteligentes para parecer inteligente
que se levanta temprano para ver el amanecer
y su vida que se desmorona
su sonrisa fingida y el puñal por la espalda
que sabe todo y tiene un consejo para todo
que se levanta temprano, pero llega tarde al trabajo
que se queja de todo pero no hace nada
que camina con la frente en alto para ocultar su miedo
un seguro inseguro, media persona en el mundo, como diría Pau Donés
con atardeceres rojos y preguntas sin respuesta
y sus besos sin usar
que aparece en sus sueños cual protagonista principal
que tiene hambre y se va salir del trabajo diez minutos antes
y la gente que le cae mal, a veces
el carro rojo y los árboles rosados
y la neblina y la propuesta innecesaria
y sus ganas de sorbete de carretón
con su sopor de miércoles por la tarde
y sus colores tan normales, como siempre
y mil millones de páginas en blanco
con las manitas que le pican por seguir a @charliesheen
y su desidia, desgano o como quiera lamarle
que también tiene desidia, desgano o como quiera llamarle
que se ríe con mirada de ojos colochos
que tiene que entregar ese trabajo ahora, pero no tiene ganas ni humor
que todavía está en el trabajo
y su corazoncito vacío
y sus ganas de desbarajustar
que cambio su tercer café por un té de manzanilla y durazno
y su cara de no
que últimamente siente que su presencia en Twitter se ha vuelto un monólogo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Sea usted también un buen anfitrión/Argentina se llama así por error.





















Hace dos post les conté de este libro que estoy leyendo, La Fascinante Historia de las Palabras.  Les diré: de verdad las historias son bien fascinantes, no pasó todavía de la A y no dejo de sorprenderme, reírme un montón en algunos casos, como por ejemplo:

Anfitrión:
Anfitrión era este personaje de la mitología griega -sí, se llamaba anfitrión- que se casó con una su prima que era hija de un rey, que al parecer fue muerto -por error, dicen- por la mano de Anfitrión. La cosa es que huyeron sin haber "consumado" el matrimonio y la chera -Alcmena se llamaba- se rehusó a tener algún tipo de favor sexual con su esposo, mientras este no hubiese vengado a sus ocho hermanos que habían sido asesinados por el rey de la isla de Tafos -sí, en esas épocas también pasaban esas cosas-.
El asunto es que mientras el tal Anfitrión andaba dando venganza a la muerte de sus cuñados, "Zeus se presentó ante Alcmena asumiendo la forma del marido ausente y ordenó al sol que se detuviera su curso por setenta y dos horas para permitirse una larga noche de amor con ella, quien a su vez creía estar amando a su marido..." -Sí, como no-.
Desde entonces, se llama anfitrión a aquel que recibe invitados en su casa, aunque no necesariamente de la manera como Zeus fue recibido en la casa de nuestro personaje."


Adivinen cómo se llamó el hijo que Alcmena tuvo con Zeus: Sí, Hércules.

Argentina:
"La plata nunca abundó en el territorio argentino, pero en 1526, cuando Sebastián Gaboto pasó por el estuario formado por la desembocadura de río Uruguay en el Atlántico lo llamó Río de La Plata, engañado por el metal precioso que encontró en manos de unos indígenas, sin saber que estos lo habían tomado de los marineros de la expedición portuguesa dirigida por Aleixo García. 
...
Plata en latin es argentum..."

Ups!

_____________________________

Los textos en itálicas están copiados textualmente del libro

TREINTA libros 1*

1. Uno que leyó de una sentada: Cien Años de Soledad de García Márquez. Sí, aunque no lo crean (yo no lo creería tampoco). Tenía como quince años y la curiosidad de la bulla que le hacían al libro me paralizó por un fin de semana. Conste que leo rápido y -obviamente- no tenía nada que hacer. Nunca más lo volví a leer, creo que el hastío del tema recurrente de García Márquez me cansó. De hecho no pasé de El Coronel No Tiene Quién le Escriba. Los siento Gabo, yo soy bien sencilla.


2. Uno que se haya demorado mucho en leer: Hay varios. Pero el que se lleva el primer lugar es Pobrecito Poeta que Era Yo de Roque Dalton. Creo que me tardé como diez años en pasar de las primeras páginas. Luego nunca pasé del centro y así... Creo que lo regalé. Lo siento Roque, no soy tan patriota.


3. Uno que sea un placer culposo:
Cuentos Completos de Mario Benedetti. Hay gente que odia a Benedetti, hay gente que lo ama tanto que ha hecho canciones de sus poemas, hay gente que ha desgastado demasiado muchas de sus frases, hay gente que hasta ha hecho powerpoints con su Táctica y Estrategia. El punto es que Benedetti es un escritor tan sencillo -tomen en cuenta que nunca se graduó de bachillerato- que supo llegar bien fácil a las masas. Hablar como ellos hablan. De la misma manera sus cuentos hablan de gente y situaciones cotidianas, de la gente de aquí y de allá. Yo lo amo, lo releo y lo vuelvo a leer. Perdónenme, ya lo dije: soy bien sencilla.


4. Uno que le gusta a todos menos a usted: En el Twitter puse el Aleph de Borges -siempre ha sido un autor que me ha costado mucho entender (acuérdense que soy sencilla)-, pero creo que nuevamente en este campo me iría por Cien Años de Soledad y, en general, por García Márquez. No me gusta, de verdad. Me quedo nada más con los Doce Cuentos Peregrinos y Me Alquilo Para Soñar.




5. Uno de viajes.
¿La Odisea? ¿La Vuelta al Mundo en 80 Días? Travesuras de la Niña Mala de Mario Vargas Llosa. Digamos que no es un libro de viajes en todo el sentido, pero andar de Perú a París a Cuba a Japón a Londres a Madrid siguiendo las malandanzas de "La Chilenita" es toda una odisea. De verdad, es una historia que sabe conjugar perfectamente lo sublime y lo miserable del amor.  Ash! Cómo odié a esa mujer.


6. Uno de un nobel:
Creo que no ha habido un libro que me haya causado tanta angustia y desolación como El Señor Presidente de Miguel Angel Asturias. Podría decir que es lo mejor que tiene Centroamérica. Lo leí en bachillerato, creo, o en uno de esos años en los que cada libro que caía en mis manos era devorado. Me enamoré de Miguel Cara de Ángel y su transformación de malvado-desalmado a enamoradito de telenovela. La escena final con Miguel encerrado en ese metro cuadrado con una gota de agua cayéndole en la cabeza intermitentemente es una de las cosas más impresionantes que he leído en mi vida. -Ups, ya conté el final-


7. Uno muy divertido:
Diary of a Wimpy Kid de Jeff Kinney. Les diré: nunca, pero nunca, me había reído a carcajada suelta leyendo un libro. Por que una cosa es esbozar una sonrisa y otra bien diferente acabar llorando de la risa. Esta serie de libros (la primera consta de 4 volúmenes) llegó a la casa vía @nicknastejr y cuenta los diarios avatares de la vida de Greg, este bichito que hace las tonteras que hace un bichito de su edad, y cómo todo siempre termina de la manera más inesperada. Lo lindo es que no hay una mamá pulcra, un papá sabio, ni un hermano al que se deba admirar, todos son los anti-personajes. La vida real, pues. Cada historia viene acompañada de ilustraciones-caricaturas del autor. Allí en La Casita (valga el comercial) tienen toda la serie.


8. Uno para leer por fragmentos. Mentes Creativas de Howard Gardner. En este libro, hermoso y gordo como ninguno, Gardner postula su teoría de las Inteligencias Múltiples y las ejemplifica con un maestro -contemporáneos ellos entre sí- de cada una: Gandhi, TS Elliot, Einstein, Stravinsky, Freud, M. Graham y Picasso. El asunto es que este es un tratado de sicología, saben, con biografías bastante profundas y analíticas de cada personajes. Entre eso y que lo compré en inglés, me tomó bastante tiempo leerlo todo. Probablemente alrededor de cinco años, entre postulados y biografías. Leí por partes, la historia de cada uno. De hecho, ni siquiera las leí en orden. Pero, de verdad, es un placer que no tiene nombre. Por ejemplo: haber estado en el MoMA frente a las Demoiselles d'avignon y saber todo el  trasfondo sicológico e histórico del cuadro  fue una de las emociones más fuertes que he tenido en mi vida. Se los prometo.


9. Uno con una excelente versión cinematográfica: Todo Está Iluminado de Johnatan Safran Foer. Les diré: yo vi la película antes de saber que se trataba de un libro. La película, dirigida por Liev Schreiber -hombre guapo, demasiado- es una joyita de personajes -¡hasta el perro es un personaje!-, diálogos, situaciones y dirección de arte. Hay una escena con campo de girasoles que es de lo más bonito que he visto en mi vida. Luego de la película, me puse a investigar un poco y descubrí que era un libro, escrito por este chero judío-gringo de 24 años. De allí la historia sigue en que busqué el libro en Amazon -obvio, aquí no estará ni en sueños, creo-, lo compré y que el mismo resultó ser diez veces mejor que la película. ¡Lo tienen que leer! No me voy a poner aquí a hacer análisis, ni resumen, ni esas cosas. Para un buen resumen se pueden ir aquí.

10. Uno con una pésima versión cinematográfica.  La Casa de Los Espíritus de Isabel Allende. Verán, cuando yo era veinteañera e hizo su aparición la Isabel, yo la amaba. Leí todos sus libros, desde Cuentos de Eva Luna hasta El Plan Infinito. Momento en el que me di cuenta de que sus historias ya no pasaban de lo mismo. El asunto es que La Casa de los Espíritus me gustó mucho, es, quizás, de las que leí, mi favorita de la Allende. Por eso mismo fui con muchas expectativas a ver la película cuando la estrenaron. Consejo sano: jamás haga una película de dos horas basada en un libro de más de  450 páginas. Ni siquiera un reparto de lujo como el que tiene -Meryl Streep y Jeremy Irons, entre otros- la salvó de haber perdido toda la esencia de la historia.



* Para el reto original de los Treinta Libros pueden ir aquí.

sábado, 16 de julio de 2011

La vida es un tropezón interminable. Y allí voy

Escribo esto y pienso. Pienso esto y escribo. Nada se detiene y a veces quisiera detenerme a respirar, a ver el mundo, a fotografiar las nubes, a dormir de día, a perder el tiempo. Alejandro Sanz canta -no, grita- de fondo, dice lo que casi siempre siento, me entiende. Por eso, aunque tenga mala ortografía y no haya venido a El Salvador y sí a todos los países de Centroamérica; lo sigo oyendo. Porque probablemente lo oiga un día de Navidad y cante "He sido tan feliz contigo" y a mí me dé tristeza y escriba un correo electrónico del que después tenga que arrepentirme. El que después vuelva a leer y me dé risa. Escribo esto y pienso: el mundo no se detiene. El mundo no se detiene ni siquiera cuando duermo y mis noches se llenan de pesadillas extrañas de gente descuartizada y sangre y oscuridad y ganas de huir. Y me despierto y el mundo no se detiene. Le ordeno al cerebro que se vuelva a dormir y no sueñe esas cosas. Sí, como si el cerebro hiciera caso. El cerebro no hace caso y sueña lo que le da la gana. Mete en mis sueños personajes que no deberían estar allí, pero qué alegre que estén al menos en los sueños, haciendo lo que deberían hacer en la vida real. La vida real a veces no es tan real. Al menos la mía no. Mi vida da risa, a veces. Al menos a mí, mi vida me da risa a veces. Es que a veces quiero y no y cuando quiero, no. El destino me ataca, se ríe de mí, me hace bromas. Lo malo es que las bromas siempre las hace a medias.

"Qué curioso es el silencio, no sé qué es lo que es, pero hay algo en nuestras vidas".

Tengo una taza, una lonchera, una cartera, un portarretrato sin retrato, dos computadoras, un termo, un celular, una servilleta, unos audífonos que no me dejan oír el mundo. Unos audífonos que me impiden oír el mundo. El mundo que a veces no quiero oír. Al menos hoy o desde que empezó el año. El año empezó mal, creo. No he fotografiado nubes o no han habido nubes o no me he detenido a mirar las nubes. Eso es raro. Me quisiera exiliar a una isla, a una montaña, a una tina con burbujas... Al silencio. Quisiera exiliarme. Nada más. Nada más pensar. Pensar esto y no. Pensar que esto ya es casi un desahogo como la canción de Roberto Carlos, pero no poder dejar de escribir y oír "yo sigo estando enamorado y tú sigues sin saber si lo has estado, si te quise alguna vez..." La compu me da la señal de que se está quedando sin carga y tengo que teminar, porque la vida es así, no como uno quiere y no tengo ganas de conectarla, no, que se quede sin carga, sin vida.

que se quede sin carga, como yo

domingo, 12 de junio de 2011

Este post estaba supuesto a llamarse "Estas botas se gastaron en NY". Pero no tengo una foto de las botas. Así que llamémosle Sin Título.

Comprobado científicamente: a mí no deberían dejarme viajar sola, ya me había pasado en México, tragedia, tras tragedia. No deberían, mucho menos dejarme viajar sola con mi hija adolescente; soy desorganizada, descuidada, hago cosas que normalmente no haría. La gente se aprovecha de mí. Como el hombre que nos llevó del aeropuerto en Nueva York, me estafó vilmente 180 dólares, y todavía osó dejarme tirada con mi muchachita a dos cuadras del hotel a media noche. Menos mal que ubicada sí soy y que me había aprendido de memoria los google maps.

Obviando un poco los despistes y los clichés -que también hay que visitarlos, no hay que discriminar, los clichés también tienen sus corazoncitos- Nueva York resulta una ciudad que te hace explotar el cerebro: la gente, las calles, el metro, los edificios, el art deco, el Soho, Greenwich Village, los barrios, los museos. ¡Los museos!

Sí, quedate en un hotel pequeño en una zona residencial en la 94 y salí a caminar al atardecer (en esta época atardece a las 8 y 30 de la noche), comprá Skittles de todos los colores en los kioskitos de la esquina -hay uno en cada cuadra-, seguramente vas a encontrar al papá con el niño jugando pelota en una calle y el niño se va a asustar por un pleito de chuchos, metete a cenar en el deli de la esquina, en donde va a resultar que todos hablan español y en donde compartís la mesa con la pareja medio callada que seguramente viene de trabajar.

Levantate temprano y salí a las 7 am, hay gente paseando perros por todos lados, gente con sus bolsitas y sus palitas para recoger la caca -en NY no hay caca de chuchos en las calles ni en los parques, ni en ningún lado-, hay gente corriendo aunque haga frío, hay gente con sus niños en coches, hay gente caminando, miles de gentes para todos lados.


Eso sí, miles de gentes que siempre parecen tener prisa.




Entrarás a un Starbucks a comprar la marca, sí, el café es el mismo, pero sentate en medio de la gente de todo tipo, el chero trajeado, la bicha rara, la negra gorda con su amiga en silencio, toda la gente allí. Y a vos te va a dar pena hablar con tu hija, porque allí nadie habla, todos se ven bien ocupados o ensímismados.




Atravesá el Central Park para ir a tomar un bus enfrente de Mount Sinai Hospital -El BxM11- Allí seguramente pasarás largos minutos viendo entrar y salir gente, gente de verdad con enfermedades reales, con golpes reales, heridas reales; no como los de las películas que son actores o extras. Finalmente, cuando el bus BxM11 no aparezca y estés con tu hija muriéndote del frío, llama un taxi, este no va a ser tan caro ni el hombre tan malo como el de la primera noche. Este hombre va a ser visiblemente latino, pero te va a hablar en inglés todo el tiempo, aunque vos seas visiblemente latina también. El se va a avergonzar de sus raíces y vos vas a respetar eso. Perdete un atardecer en el Bronx a la salida de un famosísimo zoológico. Perdete buscando un taxi, caminá varias cuadras haciendo chistes y riéndote de todo para que tu hija adolescente no se dé cuenta y agarrala más fuerte de la mano cuando tipos extraños pasen cerca. 

Perderte una tarde en el Bronx, va a ser de mucha utilidad para varias cosas: practicar tu inglés con cada transeúnte al que le preguntarás en donde conseguir un taxi, conocer la estación de tren, perder el miedo de entrar a una gasolinera como de película de gansta, aprender finalmente que en el Bronx los taxis son negros y no amarillos -por eso será que no verás ni uno por ninguna parte-.

Perderte en el Bronx te servirá también para aprender que hay gente buena, sí, en Nueva York; como el cubano que se detendrá cuando le preguntés dónde encontrar un taxi y cuando te oiga hablarle en español a tu hija te hablará en español él mismo y no solo eso, te pedirá un taxi desde su celular y le pedirá al taxi que llegué allí, exactamente a esa esquina y seguirá su camino como si nada y el taxi va a llegar en menos de dos minutos y el taxista (visiblemente latino) te va a hablar en español también y te va a llevar -por menos de la mitad de lo que te cobró el taxi amarillo- hasta la puerta del hotel, pasando por Riverside Drive en donde tendrás unas vistas impresionantes del Río Hudson y Riverside Park.

Después de varias experiencia, buenas y malas, con taxistas; seguramente al tercer día de estar en Nueva York no querrás seguir pagando taxis y, cual turista salvadoreña que sos, bajarás a las intrincadas fauces del temido, mítico y hollywoodense Metro de Nueva York. El cual será igualito que el de las películas, pero va a ser por mucho una de las cosas que más te va a gustar. La gente va de prisa también, las puertas se abre y cierran en cada estación: 86, 79, 72 y así; gente que entra y sale, gente que no habla con nadie, gente en silencio y con prisa, gente de todos los orígenes, gente de todas las razas, de todas las edades. Andar en el Metro es fácil, porque Manhatan es cuadriculado, no hay donde perderse, la 42 es la estación para Time Square. Por alguna razón es bueno saberlo.

Y, bueno, querrás visitar los museos. Los museos sobre cualquier cosa. La 5ta avenida, la que corre paralela al Central Park está llena de museos, The Museum Mile le llaman, y a decir verdad es el paraíso: el Met, el Museo de Nueva York, el Guggenheim, Museo del Barrio, Frick Collection, Museo Judío; uno podría pasar en esa calle todo el viaje, de verdad. Uno podría pasar en el MET unos dos días y no terminar de verlo, es una locura, es la historia del arte vuelta museo.

 No sé cómo explicar lo que se puede sentir allí. Los techos altos, los claroscuros, el sol entrando por las claraboyas, el sol de la tarde cayendo sobre las esculturas romanas, el silencio de los salones renacentistas. 


El silencio de todo. las sombras de todo. La historia de todo.






El MoMA no queda en esa calle, queda en la cincuentaytantos, atrás de Rockefeller Center por si después uno quiere irse a confundir con la masa de turistas que se toman fotos con las banderas (sí, yo lo hice). Al MoMA lo habrás soñado, lo habrás admirado en internet. Uno sabe lo que tiene ese museo, uno se imagina, pero no, no es así, no es como uno se imagina.



Llegarás a la cola del MoMA el día más frío de tu estadía en Nueva York, hará aproximadamente 5 grados. Pagarás diez dólares menos de lo que pagaste por subir al Empire State y obtendrás emociones más perdurables para tu vida.

El MoMA es un descubrimiento. Es encontrarte a tus artistas favoritos cara a cara. Es un laberinto interminable de sorpresas, de trazos, de colores, de texturas. Es un laberinto interminable de salones, uno conectado con el otro, salones que parecen no tener final nunca y siempre una sorpresa a cada vuelta y cada vez más fuerte y cada vez más in-crescendo. Al final, querrás llorar y lo harás al encontrarte a Degas con sus bailarinas, a Van Gogh con su Starry Night, a Picasso y las Demoiselles d'Avignon. 
Miró, Pollock, Matisse, Chagall, Braque, Monet, Mondrian, Wharhol, Klimt; usté nómbrelo y allí está.

Uno no debería morirse sin ir al MoMA. Así debería ser.

No querrás pasar por NuevaYork sin ser un cliché. Entonces visitarás el Empire State, cuesta solo 15 dólares por persona y se hace una cola como de dos horas. Al llegar a piso 86 estarás tan cansada que de seguro vas a odiar el edificio, la vista y a Nueva York. También pasarás varias veces por Times Square, muchas veces, y lo harás con miedo de que la bichita se vaya perdida en una de esas turbas, y te sentirás en medio de una película de ciencia ficción y habrá luces y teatros y gente y más gente y te sentirás tan mareada de tanto, que probablemete te den ganas de vomitar, o al menos de salir corriendo a un lugar más civilizado. No podrás irte sin visitar el Museo de Cera, la cola también es como de dos horas y cuesta como 24 dólares por persona -sí señores, como lo oyeron-, pero nada de eso importa al ver la felicidad de tu hija adolescente tomándose una foto a la par de Justin Bieber.  Y bueno, la Estatua de la Libertad también es un tour barato con viaje por la bahía, río, mar o lo que sea.

Y como esto ya resultó demasiado largo, me he tardado más de un día en escribirlo y me ha costado un mundo diagramarlo, dejo para otro día la historia del Central Park y los cerezos, la incursión a Harlem, la Universidad de Columbia y todos esos lares y la tarde en que nos escapamos a morir de frío intentando tomar un tour a Brooklyn, el que, obviamente nunca hicimos.

Fin.

sábado, 28 de mayo de 2011

Un raro dúo toda la vida

El tenía 17 años cuando lo conocí, recíen se había graduado de bachillerato y ya tenía su primer trabajo como copy writer en una agencia de publicidad. Uno no se imagina que un día va a llegar a querer tanto a alguien, menos así cuando lo ve todo envuelto en un suéter con una sonrisa en silencio. Supongo que uno no deja de encontrar en la vida personas a quien admirar. Sí, aunque muchos piensen que eso no debería ser así.

Diez años después, luego de muchos viajes y separaciones y holas y adioses; seguimos siendo un Raro Dúo. Separados esta vez por cuestiones irrelevantes como diferencias de ideas, pero raro dúo al fin, desde el principio al fin.

Por mi parte, Limbo Nimbo es el blog que nació  de nuestra separación.

Por parte de Miguel, nacieron un puño de letras:
http://punodeletras.blogspot.com/






Si no escribe no puede dormir, dice:
Visítenlo hay demasiadas cosas buenas por allí.

martes, 24 de mayo de 2011

No me gusta

que se desordenen las cosas en la carretilla del súper,
los retenes, porque no tengo licencia >aunque creo que a nadie le gustan<
el amarillo de los semáforos,
ni las colas de los bancos,
ni las colas del Ministerio de Hacienda
ni las colas de las embajadas
digamos que ninguna cola

Esa lámpara,
ese desorden.
Vaya, los fanatismos; llámense políticos, deportivos o religiosos.
El café con azúcar >debería ser pecado<

Las matemáticas,
la física
y todas las cosas
a las que no les encuentro sentido práctico.
Mejor dicho: no me gusta
nada que no pueda entender
para qué sirve, ni cómo se hace.


Y ya que hablamos de eso:
no me gusta que me digan
cómo hacer algo que ya sé cómo hacer.

No me gusta poner gasolina
ni cambiarle las llantas al  carro
ni siquiera echarles aire;
vaya, digamos que
ni siquiera sé cómo se hace.

No me gusta Mozart,
ni la gran bulla que le han hecho históricamente
no le encuentro el chiste, veá;
pero digamos que lo oigo por el efecto.
El tal Efecto Mozart
al que no le encuentro el efecto.

No me gusta que me hagan esperar, OYEN?

Y hay una lista interminable de alimentos
que no me gustan:
las berenjenas
la cebolla
el ajo
el pescado
los camarones
las ostras
las conchas
vaya, digamos que todos los mariscos,
moluscos, crustáceos, cetáceos <- :D :D
la piña
la miel
los kiwis
los hongos
el queso de cabra
y todo lo que tenga que ver con cabra (yiuk!)

Esta lista sigue,
pero la tengo que terminar aquí,
porque tengo que ir a trabajar.

domingo, 22 de mayo de 2011

Me gusta


mirar la nubes y saber sus nombres, coleccionarlas, tomarles fotos, mirarlas con cara de alelada y sorprenderme siempre, cada vez que las veo. me gusta el mango, no verde ni maduro, sazón. me gusta que la música le arranque pedazos a mi corazón, me gusta que me emocione, me conmueva, me haga llorar, me haga querer, me haga desear, me haga bailar; por eso no entiendo a Mozart, amo las notas atormentadas de Beethoven y Chopin y las letras poéticas, un tanto retorcidas de Bunbury. Y, hablando de letras retorcidas, eso incluye también a Roger Waters con Pink Floyd. Me gusta cumplir mi palabra y llegar a la hora que me dicen, mi horario sigue siendo inglés; aunque miles de veces me haya tocado esperar hasta más de una hora. me gusta el zorro de El Principito; es más, no me gusta, lo amo y creo que es el mejor personaje que ha existido en la historia de los personajes, me gusta ese capítulo 21 cómo nadie se puede imaginar y cada palabra, cada frase, cada punto, cada coma me llenan de felicidad. me gusta el olor del café recién hecho en la mañana, el olor a tierra mojada, el olor a grama cortada, me gustan los olores frescos y cítricos, me gustan los hombres que entran a un lugar y dejan regado su rastro oloroso a limpio y recién bañado. me gustan las palabras y juntarlas para que digan algo. me gustan todas las palabras, pero principalmente las esdrújulas y las de origen árabe como almohada, alhelí, alfajor, beduino, gandul, lapislasuli y así. mis palabra favoritas son burbuja, libélula, mariposa y malaquita. me gustan las palabras de Benedetti, los poemas de Octavio, especialmente este cuando dice: "Tu mirada es sembradora. Plantó un árbol. Yo hablo porque tú meces los follajes." me gustan los vestiditos y blusas veraniegos y doy gracias a Dios todos los días por vivir en un país en donde siempre es verano. me gusta las sandalias, los zapatos sin tacón, los zapatos abiertos. me gusta andar descalza en la arena, el cemento, la grama, los ladrillos, azulejos. me gusta sentir el mundo debajo de mis pies. me gusta ser como soy y a veces no. me gusta la edad que tengo y haber llegado hasta aquí. me gusta seguir sobreviviendo a ser mamá sin muchos sobresaltos; aunque ser mamá me siga tomando por sorpresa. me gustan mis hijos y sus miradas colochas, me gusta creer que sus logros y sus felicidades me pertenecen y me gusta sentirme feliz por eso. me gusta decir, pensar, adivinar y tener el suficiente sentido común para saber cuándo callar. me gustan las películas de llorar y llorar en las películas de llorar. me gusta Edward Scissorhands y me gusta Tom Hanks en You've Got Mail. me gusta Russel Crowe en A Beautiful Mind, pero no en Gladiador. me gusta Robert Downey Jr. no importa dónde, cómo ni cuándo.

(respirar)

me gusta Jackson Pollock aunque haya dedicado su corta vida solo a "chispear" lienzos con pintura, a fumar, a emborracharse y ser un neurótico empedernido que acabó su vida empastado en un poste de luz. me gusta Tchaikovsky, uno de los compositores más épicos de la historia, si no me creen lo que les digo oigan la obertura 1812. su genialidad nos dejó los ballets más memorables. sí, su genialidad fue tan grande, que compuso el soundtrack de la película Black Swan en 1875.

ah, sí, me gustan las fiestas y bailar y cantar en los karaokes, en el baño, en el carro. me gusta fumar, aunque sé perfectamente bien que es dañino para la salud. me gusta el whisky más que el vino, el vino blanco más que la cerveza, la cerveza más que el ron, y así: el vodka no me gusta. me gusta viajar y sorprenderme. viajar y llorar cada vez que conozco algo que solo he visto en fotos.

me gusta el drama, eso sí.

me gusta expresarme, por eso no pierdo la oportunidad de abrir un blog cada vez que se me ocurre una idea para un blog.