sábado, 4 de octubre de 2014

Cuando tenía veintitantos años























Estaba enamorada de dos hombres, mas bien enloquecida, en el sentido literal de la palabra. Salía con los dos, indistintamente. A uno le contaba historias antes de dormir, porque como buen niño le gustaba escucharlas. El otro me contaba historias antes de acostarnos, porque para todo era solo cuentos y cuentos y cuentos; no se daba cuenta que no los necesitaba. A veces yo pensaba que si lograba juntarlos en uno solo, hubiese tenido al hombre perfecto, pero me tenía que conformar con las dos mitades imperfectas que tenía y disfrutar cada momento como lo que era: oportunidades de crecer... Aunque entonces no sabía que eran eso.

Cuando no estaba con alguno de los dos me la pasaba encerrada en mi cuarto escribiendo...

Un punto fijo
una palabra sin sentido
una mirada

Una pared color de sueño,
edificándose,
interponiéndose
entre el reflejo de tu risa
y la imagen de un por qué.
De un por qué 
abatiste,
combatiste,
arrancaste
una flor de madrugada.

Un punto fijo no es nada..
Nada contemplo más allá
de un camino transparente
e inexplorado
que descubriste,
le diste un giro,
nueva forma.
Pero nada más que otra forma..

Nos miramos de lado 
al encontrarnos,
nos damos la mano,
somos cordiales y decentes,
vendemos alegría,
signos,
colores,
palabras.

Después vendemos simulacros,
algo que no es.
Me visto para queme vean,
de blanco,
de nubes,
me glorifco.
Me creen.

Decimos adioses
que abren puertas,
cuando nadie nos cree
nos damos el cuerpo,
me visto de negro,
somos livianos y perversos,
creamos palabras sin sentido,
un punto fijo.

Y cuando a solas estoy,
me quito el disfraz,
me visto de azul
para alcanzar la imagen
de un por qué
te llevaste mis sueños más tempranos
para convertirme en esta mentira
que yo no pedí ser.

Además fumaba, fumaba mucho encerrada en ese mismo cuarto oyendo a los Enanos "Ya te acostumbraste a que todo te de igual. Ya te acostumbraste a inventar mil historias sin amar, ya te acostumbraste. Pero hay algo dentro tuyo que te tiene mal" a Los Héroes del Silencio "encerrado en el tiempo ha perdido el valor para escapar de su celda el héroe sin ilusión. En sus ojos apagados hay un eterno castigo, héroe de leyenda pertenece al sueño de un destino" o a FIto "Y si tu corazón ya no da más si ya no existe conexión con los demás, si estás igual que un barco en altamar tira tu cable a tierra. Y yo estoy acercándome hasta vos bajo la luna, bajo la luna" - "Giros, todo da vueltas como una gran pelota, todo da vueltas casi ni se nota. Giros, fotografía de distintos lugares, fotográficamente tan distantes"... Ellos me hacían compañía. Sí ya sé, era un poco depresiva. También me sentaba como alelada en la cama a ver como caía la lluvia con fondo del segundo movimiento de la Novena de Beethoven. Pensaba que mi vida no tenía sentido. Y la verdad que no la tenía. Pero disfrutaba cada momento como lo que era: oportunidades de crecer... Aunque entonces no sabía que eran eso.


Pienso...
Ya nada puede romper este silencio.
Piensan...
Esta es la imagen del reflejo.
Me río de la imagen
y también de lo que piensan. 

Leía a Erich Fromm. El Miedo a la Libertad. Y era el ser más libre del mundo. Hacía lo que quería, decía lo que pensaba, le caía mal a todas las vecinas de mi edad, porque era incapaz de ser su amiga, y a todas las vecinas mayores y casadas, porque salía y entraba a la hora que me daba la gana; el cherito promedio de mi edad no me entendía. En la noche me sentaba en la grama de la casa y uno de los dos llegaba y pasaba y me decía tenés ojos lindos, pero tristes. Era tan libre que nunca estaba esperando que nadie me llegara a invitar para salir de noche, pero cuando alguno de los dos lo hacía me iba como estaba, así fuera en shorts y sudadera, no necesitaba maquillaje, ni blusitas brillantes, ni cartera, ni todo lo que se necesita ahora para salir... Era como un animalito desbocado. Me iba sola al teatro a oir a la Sinfónica, a veces me saltaba el corazón, a veces lloraba, nunca tenía con quién comentar todo eso que me movía. Sentía que nadie me podía entender y eso me convertía en una persona extremadamente sola.


entre la oscuridad y el silencio 
el muro y el suelo
el cielo y las nubes que pasan
se esconde un terrible sabor amargo

entre la inconsiente mente lucubrando fantasías
el filo de la navaja que por sangre arde
entre el fuego de una pasión y la mirada de hielo
se refleja un cielo de pasado incandescente

este negro fantasma 
que sucumbe en las raíces 
más profundas de lo antiguo 
es un miedo que se anuncia
proclamando el inicio de una batalla

qué mierda hicieron con nosotros
pobres niños huérfanos llenos de angustia
qué mentira fue la que inventaron
qué verdad la que callaron

lo cierto es que ninguno se atreve a levantar la mano 
por miedo de llegar a ser el primero castigado

ya basta de cielos e infiernos
y malos y buenos
y vaqueros e indios
y soldados y villanos
y ogros y princesas

qué cuentos más absurdos nos montaron
para mantenernos callados
que ridiculez más práctica
para mantener a los niños drogados
y obtener así de fácil su ensayo de tranquilidad

ya basta de comprarnos con pecados
muñequitas
carritos
dulcitos
regalitos
que nosotros también pensamos
nos dejamos de mierdas para levantar el futuro
nos bebemos la vida 
a veces la tragamos
porque no somos bebitos 
idiotas 
retrasados

empezamos a trabajar antes de haber nacido
y trabajamos seguros de que nuestros hijos
nunca tendrán miedo de llegar a ser
los primeros castigados

Vivía la vida como si se me estuviera acabando, como si fuera más vieja de lo que era, como si lo sabía todo; pensando que el matrimonio, los hijos y todos sus gajes no eran más que un mal chiste que les pasaba a los otros. Ash, qué días más feos. Cuánta pregunta, cuánta disyuntiva, cuántas ganas de querer, y de vivir. 

Y vivir, no fue sencillo.

martes, 26 de agosto de 2014

insomnia

¿Cuántos mundos se podrá componer en un insomnio?

Mientras doy vueltas y vueltas y vueltas pienso en tonteras que solo sos capaz de pensar a esas horas, en los problemas de otros, en tus problemas, en cómo resolver tus problemas, en cómo resolver los problemas de otros, en que necesitás de alguien para resolver los problemas de otros y así... Infinitamente. Y la ocasión sirve para arrepentirte por enésima vez de no haber comprado la melantonina, sí, esa droga aprobada y natural que te ayuda a dormir, y te arrepentís de cosas que solo se pueden pensar a la una de la madrugada y en condiciones de insomnio, y todos los monstruos interiores se vuelven más feos, más odiosos, más odiados y se pasean con vos en los oscuros rincones de la noche, en los interminables silencios insondeables y profundos, en la luz de los relámpagos que iluminan el cuarto cada tantos minutos. Un antialérgico al menos. Un antialérgico. Un antialér...

El despertador suena a las cinco. ¿Las cinco ya? ¿Tan rápido? Todavía es de noche.

El café suena y huele a felicidad saliendo de la cafetera, el café amargo y oloroso.


domingo, 3 de agosto de 2014

Sangaree o Sangría, sírvasela usted

Sangría tiene traducción al inglés: sangaree. El Concise Oxford Dictionary4 la considera palabra de origen español, con los significados de bebida fría de vino rebajado con agua y especiada y de bebida de limonada y vino tinto. En Estados Unidos normalmente se usa el xenismo sangria.5 En cuanto a la etimología de la palabra, según la revista Muy interesante, la palabra sangría, aunque proviene de sangre. Parece ser que fueron los ingleses los que pusieron de moda esta bebida a mediados del siglo XIX.6



No recuerdo desde cuando preparo mi famosísima sangría. Sí, es famosa, en serio... ¿Por qué no voy a decirlo? Además de famosa, deliciosa. He visto caer gentes en mi casa, engañados por su dulzura y sabor. Pero bueno, sigamos con el tema. 

La receta yo la conseguí en internet. No me pregunten cuándo ni dónde. Ahora la hago de memoria y lo que van a necesitar es lo siguiente:

Para tres litros de sangría:

Un litro de vino tinto (no es necesario que sea tan fino, puede ser de ese de caja)
Dos litros de jugo de naranja (natural, por favor)
Tres o cuatro manzanas rojas (dependiendo si quieren mucha o poca fruta)
Dos rajas (grandes) de canela
Nuez moscada y azúcar al gusto
Mucho hielo a la hora de servir




Pues, sencillo: lo que tienen que hacer es mezclarlo todo. Y, por favor, prepárenlo por lo menos la noche antes a que lo vayan a servir, así al momento de disfrutarlo, las frutas han absorbido el vino y la canela y nuez moscada le han dado un sabor muy particular a la Sangría. Eso sí: para que nadie vaya a tener la molestia de que le caiga la raja de canela completa en su vaso; retiren esta antes de servir. Creo que no tengo que aclarar: las manzanas van picadas bien finas. Tengo otra versión con manzanas verdes que se hacen  en "rodajas", es decir, partiendo la manzana en ruedas horizontales bien finas. Lo lindo de hacerlo así es que, además que la fruta no estorba tanto dentro del vaso, el centro de la manzana forma una flor y se ve bien bonito. Bueno, a mí me parece lindo. :)

Sea cual sea la cantidad que vaya a preparar el principio es DOS MEDIDAS DE JUGO DE NARANJA POR UNA DE VINO. Hay personas que le agregan agua mineral, 7 Up o Sprite. A mí no me gusta así, pero allí vean ustedes.

Luego está mi versión con vino blanco y jugo de mango, alguien me dijo que le llamara Mangría. La misma medida de todo.

Y bueno, con este calor que nos manejamos, cae muy bien.

martes, 22 de julio de 2014

Nunca sentí esto con nadie.

Pequeños y pequeñas que visitan este su humilde blog: solo he venido aquí para recordarles o afirmarles, digamos; que cuando están en una relación y el objeto de su afecto les dice "nunca sentí esto con nadie", no es un piropo o algo parecido... Y, ah, sí, siempre-siempre (SIEMPRE, dije) se los van a repetir, a subrayar, a recalcar... Sobre todo cuando realmente no hay mucho que decir.

Pero sepan: "nunca he sentido esto con nadie" no es la frase más novedosa que alguien haya podido inventar o decir o crear.

NUNCA HE SENTIDO ESTO CON NADIE
es una verdad absoluta e irrefutable, amiguitos.
Es científico ¡¡Nunca nadie va a sentir lo mismo con alguien!!

¿No sé si me explico?

En todo caso pueden decir algo más original como: ningún libro de texto de sicología o teoría del acercamiento espiritual y emocional entre dos personas tiene la capacidad para explicar lo que siento por vos. O tal vez: estar contigo es como estar presente en el fin del mundo.

Nada... Solo son ideas.

sábado, 12 de julio de 2014

Reflexiones a la hora del café.





















La paz mental es una cosa sagrada y debería ser delito atentar contra la misma. En mi cabecita Sagitario sin remedio, siempre he sido pacifista, tolerante y tiendo a "sobrequerer" a la gente. Soy capaz de aguantar agravios, malos tratos y desdenes de parte de alguien por el solo hecho de quererlo-a. Pero sí, como todo en esta vida, hay niveles.

Reflexión 1. Humanos, que la tolerancia y buena onda no los lleve a la pendejez. YA BASTA.


Nosotros, humanos, mortales y simples; tendemos a preocuparnos por cada cosa... Yo sé, yo sé. Tenemos necesidades. Deudas que saldar. Gastos que hacer. Pero, beibes, que la preocupación más alarmante de "vuestros" viernes sea que no han pagado y ya no tienen pisto para comprar cervezas es bastante triste, mientras los niños de Gaza están preocupados por que no les vaya a caer una bomba o haya mujeres en El Salvador que trabajan 20 horas diarias y reciben alrededor de 2-3 dólares por ese trabajo...

Reflexión 2. Lo dije el sábado en Instagram: uno se lamenta por su vidita, mientras otros tiene problemas de verdad, problemas serios, tristes, y, a veces, sin remedio.


Hablando de los niños de la Franja de Gaza...  Mientras escribo esto, Israel anunció que iniciará una invasión a Gaza en algunas horas. Al mismo tiempo el mundo mira un partido de fútbol (el MUNDO, dije) y la preocupación más grande en estos momentos es si Robben está inventando penales otra vez o no.

Reflexión 3. Como dice un querido compañero de trabajo: el fútbol es el mismísimo anticristo. 


Después de haber hecho las dos reflexiones anteriores, ya no podría hablar de la cuarta que se trataba de una cosa tan vana y egocéntrica como lo bien que se siente salirse un día completo de la oficina e irse a brainstormear en otro lugar y con otras gentes. Otras gentes que se emocionan igual que vos de "pilear" aunque sea incoherencias e irse a caminar por las calles de Tecla y comprarse sorbetes de carretón y comprar pan dulce de la calle... Y así.

Reflexión 4. Hubiera dejado esta reflexión para el principio. 

lunes, 7 de julio de 2014

Ejercicio de desbloqueo de una noche de verano.

Escribir. Escribir aquí, allá o más allá. Pero escribir. Decir algo. Algo porque sí, como hacen todos hoy en día. Algo sin sentido, digamos. Como que el cielo no es azul desde hace días, semanas, meses. Como que no siempre podés tener lo que querés. Como que el sol no sale para todos o al menos eso parece. Escribir sin ver el teclado, con la mirada fija en la pared, que a esta hora es de color indefinido, escribir viendo los lomos de los libros. Camino de Hormigas. La Trilogía de Nueva York. Salvajes. El Hombre Ilustrado. Appunti di Viaggio. Escribir. Escribir aunque sea los nombres de los libros. Saber que eso no te va a llevar a nada. Solo a gastar palabras. A matar el tiempo. A creer que estás haciendo algo relevante. Escribiendo sin sentido ni nada. El cuchito Viena 2015, parado en una esquina del escritorio. Los caracoles y conchas de mares lejanos y olvidados. Las tristezas y oscuridades de un mundo extraño. Los dolores para los que no estabas preparada. Tratar de escribir dolores dos veces y que las dos veces se escriba colores. Colores que no son. Odiar los calendarios. Odiarlos porque no los necesitás. Odiar que te recuerden que es ese día de julio. Que es esa noche de julio. De otro julio y otro tiempo. Escribir. Escribir. Escribir. Escribir porque así se preparan tus dedos y cerebro para escribir otras cosas más relevantes. Escribir como ejercicio. Como deuda interminable. Escribir porque es lo único que queda. Tirar palabras por allí. Tratar de darles sentido. Hilvanarlas. Tejerlas como enredaderas en el cerebro. Imparables.


(Que los hijos te interrumpan con sus dramas precisamente cuando las palabras se habían vuelto imparables)


Volver a retomar las palabras imparables después de haber escrito el párrafo anterior, como un hechizo, como un conjuro. Llamás a las palabras y vienen. Acuden porque para eso fueron hechas. Para decir. Para nombrar odios si es posible. Para atormentar humanos que no conocen el significado de cosas como baladí, intrincado, parsimonioso, escaramuza... Las palabras no mienten ni te abandonan ni te dejan a un lado. No necesitás que te entiendan. Solo que estén allí cuando las necesitás. En la punta de tus dedos. En la punta de tus pensamientos para no sentirte sola. Para no sentirte a medias toda la vida. Para no seguirte preguntando.

"Estoy buscando una palabra, busco un nombre a través del tiempo, busco un ancla que me amarre, que me tenga y me deje quieto..."

Escribir. Pensar. Preguntarse. No contestarse nunca. Que nadie conteste nunca. No saber quién sos. Que Chopin suene de fondo como si a nadie le importara. Que las palabras sigan cayendo porque para eso fueron hechas. Para decir. Para caer. Para nombrar. Para romper los silencios que nadie quiere.

Escribir como presagio.

Escribir como como si nada.

Escribir como condena.

lunes, 9 de junio de 2014

Tchaikovsky, el concierto No. 1 y el sonido de eso que están hechas las relaciones.

Sí, todos llegamos a Tchaikovsky por el Cascanueces. Una de las composiciones más escuchadas de la historia. Luego de eso pasamos a la Bella Durmiente, El Lago de los Cisnes y sí, la obertura 1812, inmortalizada en el silbido del profesor Keating, ajá Robin Williams, en la Sociedad de los Poetas Muertos.

La épica obertura 1812, que, ya saben, cuenta la historia de la Batalla de Borodino, en la cual los rusos combatieron y abatieron las tropas de Napoleón, no fue la composición más querida de Tchaikovsky. De hecho, la odiaba: "Muy fuerte y ruidosa y completamente sin mérito artístico, obviamente escrita sin calor o amor", dijo él mismo de su obra. Cuentan que cuanto más éxito tenía su obertura sobre sus sinfonías, conciertos y música de cámara, Tchaikovsky más se convencía de que el mundo no había entendido su arte. Pero, vayan ustedes a saber, la 1812 es amada, supongo por su heroicidad. ¿Quién no se ha emocionado con los cañones retumbando en uno de los momentos más gloriosos de la música? Yo sí. ¿Quién no ha querido aplaudir con las campanas doblando al final?

Pues que, para el resto de nosotros, como dicen por allí, la 1812 es para ser disfrutada en todo su ruidoso y vulgar esplendor.

El asunto es que -y no quisiera hablar aquí de mi otro ídolo musical del cual ya he hablado aquí y aquí-, pero a Tchaikovsky -tal vez- lo admiro tanto como a Beethoven. Muchas veces, en mi escaso conocimiento musical, he llegado a pensar que tuvo un genio tan grande como el de Beethoven o Mozart, y al que no se le ha dado el mérito que ellos tuvieron y siguen teniendo como dioses de la música.

Solo habría que recordar que, adelantándose a su época, escribió el soundtrack para que Natalie Portman se ganara un Oscar.

¿No les pasa que hay que hay momentos en los que ninguna canción ni melodía sirve para el soundtrack de su vida? A mí me pasa, y cada vez que eso sucede vuelvo al querido Tchaikovsky, quien a mis simples y tempranos veintes trataba de explicarme o de advertirme -digamos- que cada relación, cada amor de mi vida -si les queremos llamar así- vendría con sus altos y bajos, con sus violines dulces, con sus agónicos golpes en el teclado, con sus cadencias de cuerdas, con sus crescendos de orquesta sinfónica.

Con su Concierto para Piano y Orquesta No. 1



He de decir, que el querido Tchaikovsky comenzó a advertírmelo desde ese día de junio de hace tantos años, cuando en la inadecuación de mis recién estrenados veintiún años, me senté sola en la segunda fila del Teatro Presidente a escuchar su concierto en manos de una pianista polaca de cuyo nombre no me acuerdo. En ese momento no lo sabía, no había vivido tanto como para entender que si el amor tuviera un fondo musical, sería ese. Que una relación, podría resumirse en esos treinta y cinco minutos, con su emoción, felicidad, algarabía, con sus pausas para respirar, con sus conmociones y golpes de teclas. Con sus desesperaciones. Como todo.

No sabía todo eso cuando me senté sola en esa butaca. Sí sabía que el estómago me podía dar vuelta con cada conmoción del pianista, que podría entrar en estado catatónico muchas de las veces que la oyera, que iba a escuchar y ver toda versión que estuviera disponible...

Luego se va aprendiendo otras cosas de una melodía como esa. Se va aprendiendo junto a todos los finales que llegan en la vida.