viernes, 8 de marzo de 2013

En mi Día Internacional de la Mujer...









































Hoy quiero acariciar mis derechos como si también fueran izquierdos, como si me pertenecieran desde el inicio de mis sueños hasta al final del día y seguirlos acariciando mientras estoy dormida. Quiero saber que tengo las mismas oportunidades para que lo que quiero se haga realidad, poderme quitar todas las telas, las máscaras, los maquillajes que me cubren y al final de todo eso, seguir siendo yo misma con la sonrisa sincera, con la mirada brillante, con un futuro igual al de todos. Todos los seres humanos.

Hoy quiero tener la oportunidad de poder levantar la mano y que se me escuche, que no se me deje hablando porque mis palabras tienen menos valor que las de los otros, porque mis emociones son más fuertes y las llevo siempre a flor de piel, porque no puedo pelear sin que se asomen los sentimientos más fuertes, más connmovedores, más estremecedores, porque no puedo pelear sin que junto a mí estén peleando miles de años de historia de mujeres que no pudieron opinar, ni decir lo que sienten, ni emocionarse porque la vida es así y no de otra manera...

Hoy quiero sentir toda cantidad de cosas y llamarlas por su nombre: el AMOR se llama amor, saben; no lo quiero llamar confusión ni cariño ni amistad ni odio ni venganza ni lástima ni todas esas cosas con las que le llamamos por no saber aceptarlo como es, por no querer vivirlo tal cual y disfrutarlo.

Hoy, mañana, la otra semana, el mes siguiente; quiero decir las cosas como son, sin tener miedo de ser subrayada, de ser pintada de otro color que no sea el mismo color con el que yo me pinto y que mi locura y mi silencio no sean un desatino, ni un defecto,  y que sean medidos con la misma vara que son medidas la locura y el desatino de todos. Todos los seres humanos.

Hoy quiero poder llevar el pelo suelto, las ideas desordenadas, los sentimientos incomprensibles, las emociones desatadas, la sonrisa en una mano, las lágrimas en otra, el amor como un escudo, las palabras como una ráfaga de viento. El grito como un augurio. La tristeza como una recompensa. La historia como una heridad.  La humanidad como un abrazo. Y ser mujer como mi única bandera.

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