martes, 2 de agosto de 2011

Facebook ha hecho al menos algo maravilloso

Lo repito: odio la nueva modalidad de FB en que los mensajes se convierten en chat y el chat queda grabado como mensaje. No entiendo qué sentido tiene. Pero en fin, con estas nuevas modalidades todos los mensajes, TODOS -¿entienden?- que uno ha compartido con la gente en Facebook ahora aparecen como parte de una misma cadena. De esta manera, sin oficio como me encuentro, con algunos he llegado hasta finales del 2007. Da miedo.

En medio de todo eso me encontré este texto que escribí el 13 de septiembre de 2008 y se lo mandé a Miguel Molina:


Durante tres mil seiscientos noventa y dos días Narciso y Lily se miraron a los ojos y sus corazones sonrieron sin parar. Era una extraña condición, por cierto, ya que por alguna razón poderosa e inescrutable aquellos dos corazones intercambiaban emociones incapaces de salir al exterior, de convertirse en sonrisas verdaderas en los labios verdaderos de sus rostros. El primer día de los tres mil seiscientos noventa y dos días, llovía suavecito con gotas casi dibujadas, tan leves que parecía que se las llevaba el viento. Lily caminaba por una esquina cualquiera mirando para abajo como siempre, como si buscara algo que se le había caído al suelo, como si nunca lo encontrara. El frío le hizo cruzar los brazos y el suéter sobre el pecho y buscar en el café más cercano un chocolate con leche y malvaviscos flotantes y esponjosos. Atrás del chocolate se encontró a Narciso que la miró por primera vez con sus profundos ojos de playa caribeña, mientras su corazón palpitaba en un allegro de violines en E Mayor. Ella le correspondió desparramando su mirada de miel por todo el local y un corazón que latió en un galopante sostenido de guitarra, propio del mismísimo Carlos Santana.

“Tenés un bigote de chocolate” dijo él, sonriendo cada vez más dentro.
“¿De qué más podría ser?” contestó Lily, lamiendo cualquier rastro de sonrisa en sus labios.
“Parecés del tipo que sabe cómo y cuando disfrutar un buen chocolate caliente y distinguir el olor del café recién hecho” dijo Narciso, sin saber que estaba pactando un contrato que duraría tantas miradas, cafés recién hechos, pasteles de queso con jalea de fresa, matrimonios hasta que la muerte los separe, abrazos sinceros, hijos queriendo y besos sin querer, lágrimas de mentira y de verdad, escaramuzas de abandono; y en medio de todo, tanta sonrisa del corazón.


Al principio no podía creer que la había escrito yo. No tiene mi estilo. Pero sí, la escribí yo y me encantó. Parece que no tiene final. Como todo en mi vida.

Gracias Facebook, te debo una.

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