sábado, 10 de noviembre de 2012

La buena compañía

Digamos que cuando uno es un jovencito de veintitantos años se cree que tiene la verdad absoluta (ya lo he dicho alguna que otra vez por aquí), que lo sabe todo y que los amigos de ese momento son iguales de genios, manejan la misma verdad absoluta que vos, y sobre todo: que van a ser eternos.

Veintitantos años después te venís a dar cuenta que ni ahora tenés la verdad absoluta y que nunca la tendrás, que no lo sabés todo, que tus amigos de entonces ahora son unos viejos medio panzones, que ya no piensan igual que vos, pero que, sobre todo; tal vez sí sean eternos. Porque a pesar de tanto tiempo, tantas bodas, tantos hijos, tantos trabajos, tantos problemas, tantas separaciones; seguimos estando juntos, viéndonos de vez en vez, reuniéndonos a hablar de las mismas cosas que hablamos desde hace veinte años, contando los mismos chistes, oyendo las mismas canciones, cantando las mismas cuando nos emborrachamos. Y probablemente estando así, en esos momentos, volvemos a ser los bichitos con la verdad absoluta de hace veinte años y a saltar con canciones como Shiny Happy People y a llorar con Two Out Of Three Ain't Bad...

Y recuerdo todo esto, porque hoy los voy a volver a ver. Los amigos de siempre. Los que están allí cuando se buscan, aunque ya no piensen igual que yo o yo no piense igual que ellos, los que siempre van a estar...

Y entonces me acuerdo de este poema que escribí, supongo, hace alrededor de veinte años, cuando la amistad era lo único por lo que tenía sentido la vida. Algo así. Van a disculpar la cursilería de algunos versos. Acuérdense que estaba chiquita.

La Buena Compañía

Cuando sea de otoño gris
la luz que ilumine nuestros ojos
y seamos solo varias
cansadas cabezas blancas
y miremos desde la ventana
caer la lluvia como soplo de viento
y vivamos los largos minutos
de las horas de los días de las semanas
y sintamos que esperar
es la única razón del tiempo pasado
y queramos contar las noches
de días que fueron especiales:
no olvidemos recordar
los cinco carros estacionados
al final de la calle
al principio del parque
ni los sueños de momentos
consumidos en cervezas
agua mineral
y tal vez Coca-Cola
ni el humo flotando
ni las risas opacando la luna
ni las buenas miradas
de los que pudimos llamar amigos

Cuando seamos solo varios recuerdos
rondando el umbral de un mar cercano
varias miradas llenas
de caminos recorridos en la vida
cuando podamos volver la vista atrás
y mirar la ruta del tiempo inigualable
y sonreír sin duda
por lo que aguarda adelante
no olvidemos recordar lo inolvidable
esta franja del tiempo
transformada en amistad para nosotros
este momento de magia
que perteneció a un solo sueño
el sueño de tener a alguien al lado
compartiendo la vida
el sueño de tener a alguien
una buena compañía

P.D. Influenciada por el Benedetti que leía en aquella época, el poema no tiene signos de puntuación. Ajá, puntéenlo donde quieran.

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