sábado, 5 de noviembre de 2011

Cuando caen las hojas



Sí, soy una snob desde que tenía 12 años. Sí, leo novelas y poesía desde entonces. No me odien, mis papás tienen la culpa, ellos leían poesía y novelas también. Mi mamá recitaba la Sonatina de Rubén Dario desde que tengo memoria, me pagó 25 centavos de colón para que me aprendiera de memoria A Margarita. Con el agravante que mi papá oía música clásica, además. Se sentaba en la oscuridad a oír a Chopin. Cerraba los ojos. Fumaba. Yo lo miraba por una rendija de la puerta. Sí, soy una snob que oye música clásica desde siempre, y me gusta.

Aclarado esto, vamos a tocar el tema que nos compete esta mañana: Lilian Serpas.

Lilian Serpas probablemente sea una de las poetas [¿o poetisa? no me gusta la palabra] menos conocidas de El Salvador. Diga usted, amable lector, si alguna vez saboreó algunos de sus sonetos o al menos oyó hablar de ella. No la leímos hasta el cansancio desde primer grado como a Alfredo Espino o a Claudia Lars. Puede ser porque fue un poco borrachina y, según cuentan las leyendas terminó medio loca. ¿Quién quiere mitificar un personaje como ese, que además no escribe de ranchos ni luceros ni pajaritos en la montaña ni tierras de infancia ni temas tan bucólicos y memorables?

Nadie. Supongo.

El asunto es que en mi casa se hablaba de ella. Según las leyendas de mi mamá, Lilian Serpas era algún tipo de parienta lejana nuestra. Por el lado Gutierrez o algo así... Vayan ustedes a saber. Allá por los 80's apareció un libro de ella en la casa, Meridiano de Orquídea y Niebla, se llamaba. Era todo verde claro con un dibujo negro en la portada, supongo que era una orquídea. Yo lo leí. A tan temprana edad, leí los poemas de esa señora que era medio pariente, medio borrachina y medio loca. Y hubo uno en particular que, supongo, tocó lo más profundo de mi cerebro con su metáfora poética, porque ahora en día todavía me lo sé de memoria. Y en esta época del año, cuando el Laurel de la India bota sus hojas a lo largo y ancho de las calles de San Salvador, yo vuelvo a recordar el poema. Y suena en mi mente como años atrás, como cuando era una niña y preparaba a mi corazón para ver caer las hojas y que doliera un poco...

Cuando caen las hojas
un paréntesis cierra
el silencio en las cosas.
El tic tac del reloj
subraya los silencios
y un espacio en mi voz.


Disfrutar un poco de la poesía de Lilian Serpas aquí
Leer la biografía aquí

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